lundi 5 novembre 2007

+ CARTA AL PADRE

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Querido padre:

Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como es habitual, no supe qué contestarte; en parte, precisamente por el miedo que me inspiras; en parte, porque en la justificación de dicho miedo intervienen demasiados pormenores para poder exponerlos con una aceptable consistencia. Y si, valiéndome de esta carta, procuro responder a tu pregunta por escrito, lo haré a no dudarlo en forma muy incompleta, ya que, aun escribiendo, el miedo y sus efectos me atenazan cuando pienso en ti, y porque las dimensiones del tema exceden con mucho los límites de mi memoria y de mi entendimiento.

A ti este problema se te ha antojado siempre muy sencillo, al menos por la forma en que has hablado de él delante de mí y sin reparo delante de muchas personas. Lo veías aproximadamente así: toda tu vida has trabajado duramente, todo lo has sacrificado por tus hijos, especialmente por mí; por tanto, yo he vivido “con todas las comodidades”, he dispuesto de libertad para estudiar lo que quisiera, no he necesitado preocuparme por mi sustento, o sea, que no he tenido que preocuparme por nada; a cambio, tú no has exigido gratitud (conoces “la gratitud de los hijos”) pero sí, como mínimo, algún acercamiento, alguna muestra de simpatía; en vez de eso, siempre me he ocultado de ti, en mi habitación, con libros, con amigos alocados, con ideas excéntricas. Nunca te he hablado con franqueza, no me he puesto junto a ti en el templo, nunca ha ido a verte a Franzensbad, tampoco nunca afloró en mí el sentido de la familia y he ignorado el negocio y cualquier otro asunto tuyo. Te he endosado la fábrica, dejándote luego solo. He apoyado a Ottla¹ en sus caprichos, y mientras que por ti nunca me presto a mover un dedo (nunca te he traído una entrada para el teatro), soy capaz de cualquier sacrificio por los amigos. Si sintetizas tu juicio sobre mí, resulta que en verdad no me reprochas nada que sea precisamente indecoroso o malintencionado (con excepción quizá de mis últimos proyectos de matrimonio), sino frialdad, desapego, ingratitud. Y me lo reprochas como si fuera culpa mía, como si, con un simple golpe de timón, hubiese podido dar a todo ello un rumbo distinto, mientras tú quedas libre de toda culpa, hasta de haber sido excesivamente bueno conmigo.

Esta manera usual tuya de ver las cosas la considero justa sólo en el sentido de que yo también pienso que eres totalmente inocente de nuestro alejamiento. Pero yo soy tan inocente como tú. Si pudiera llevarte a admitirlo, entonces sería posible no una nueva vida (ambos somos demasiado mayores para ello), pero sí una forma de paz, no un cese, sino una suavización de tus continuos reproches.

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¹ Ottilie, la menor de las tres hermanas de Kafka.



(El texto que tengo de esta carta, en edición bolsillo, ocupa 78 páginas). Fue publicada, junto a otros textos, a título póstumo, y su lectura ayudará sin duda al lector de la obra de Kafka a comprender y diagnosticar ésta mejor.

¿Cuál es vuestra opinión?

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3 commentaires:

hombredebarro a dit…

Antonio, creo que ya conoces mi interés por Kafka y en alguna ocasión hemos hablado del checo. Tengo ante mí la edición de esta carta al padre en Debate y he acudido a ella porque es un libro que subrayé no hace muchos años. Ya llevo otros muchos sin subrayar ni tomar notas. Pero éste fue distinto, hallé en él muchas cosas curiosas. Para empezar el adjetivo kafkiano lo asimilamos a situaciones absurdas y de pesadilla, sin embrago el propio escritor de la cara de murciélago usa ese adjetivo para referirse al carácter del padre, evidentemente, por ser su apellido paterno, asimilable a robustez, apetito, humor, facilidad de palabra,autosatisfacción,mundología, presencia de espíritu...(p. 5-6), cuando él lo que se siente es un Löwy (apellido materno): "un aguijón löwyano que penetra de un modo más secreto, más medroso, en otra dirección, y que a menudo interrumpe su penetración." (p.5).
En fin, kafkiano.

ANTONIO a dit…

Hombredebarro, no puede negarse que eres una persona muy aguda en tus análisis, muy precisa, observadora al máximo, cartesiana —diría yo— si no supiese que has estudiado Letras.
Leí 'Carta al padre' hace tiempo, pero recuerdo perfectamente los pensamientos que transmitió Kafka (post mortem) en esta carta sobre su padre y madre.
De todos modos, era un tipo complicado, cuyo carácter marcó su estilo literario. Y no tenía muy buena opinión de ninguno de los dos, creo haber leído. Sé que hemos de él en diversas ocasiones, sí lo recuerdo.
Saludos cordiales y gracias por tu visita.

Lucia a dit…

Carta al Padre me impactó.
Desde el primer párrafo sentí la angustia con que fue redactada la carta y a medida que avance en la lectura me fue dando cada vez la sensación de que el texto nunca fue realmente destinado al padre, sino que se trataba de una imperiosa necesidad del escritor por desahogarse.
Kafka dice que hubiese deseado ser al menos respetado por su padre, ser notado y tomado en cuenta como persona, sin embargo, aclara bastantes veces que no lo culpa, como tampoco se culpa a si mismo por su difícil relación.
En la ultimas dos hojas del libro, el escritor introduce la voz de su padre, el padre que el ha interiorizado, para decirse a si mismo cosas muy duras.
Me parece una obra imperdible.
Lucia