lundi 12 novembre 2007

+CIEN AÑOS DE SOLEDAD

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XVI

Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo meses de llovizna…

Un viernes a las dos de la tarde se alumbró el mundo con un sol bobo, bermejo y áspero como polvo de ladrillo, y casi tan fresco como el agua, y ya no volvió a llover en diez años.

Macondo estaba en ruinas. En los pantanos de las calles quedaban muebles despedazados, esqueletos de animales cubiertos de lirios colorados, últimos recuerdos de las hordas de advenedizos que se fugaron de Macondo tan atolondradamente como habían llegado. Las casas paradas con tanta urgencia durante la fiebre del banano, habían sido abandonadas. La compañía bananera desmanteló sus instalaciones. De la antigua ciudad alambrada sólo quedaban los escombros. Las casas de madera, las frescas terrazas donde transcurrían las serenas tardes de naipes, aparecían arrasadas por una anticipación del viento profético que años después había de borrar a Macondo de la faz de la tierra. El único rastro humano que dejó aquel soplo voraz fue un guante de Patricia Brown en el automóvil sofocado por las trinitarias. La región encantada que exploró José Arcadio Buendía en los tiempos de la fundación, y donde prosperaron las plantaciones de banano, era un tremedal de cepas putrefactas, en cuyo horizonte remoto se alcanzó a ver por varios años la espuma silenciosa del mar. Aureliano Segundo padeció una crisis de aflicción el primer domingo que vistió ropas secas y salió a reconocer el pueblo. Los sobrevivientes de la catástrofe, los mismos que ya vivían en Macondo antes de que fuera sacudido por el huracán de la compañía bananera, estaban sentados en mitad de la calle gozando de los primeros soles. Todavía conservaban en la piel el verde de alga y el olor de rincón que les imprimió la lluvia, pero en el fondo de sus corazones parecían satisfechos de haber recuperado el pueblo en que nacieron. La calle de los Turcos era otra vez la de antes, la de los tiempos en que los árabes de pantuflas y argollas en las orejas que recorrían el mundo cambiando guacamayas por chucherías, hallaron en Macondo un buen recodo para descansar de su milenaria condición de gente trashumante. Al otro lado de la lluvia, la mercancía de los bazares estaba cayéndose a pedazos, los géneros abiertos en la puerta estaban veteados de musgo, los mostradores socavados por el comején y las paredes carcomidas por la humedad, pero los árabes de la tercera generación estaban sentados en el mismo lugar y en la misma actitud que sus padres y sus abuelos, taciturnos, impávidos, invulnerables al tiempo y al desastre, tan vivos o tan muertos como estuvieron después de la peste del insomnio y de las treinta y dos guerras del coronel Aureliano Buendía.


(Cien años de soledad, Gabriel García Márquez, Círculo de Lectores/Editorial Latimer, S.A.).

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El cuadro de Macondo en ruinas es una de tantas páginas inolvidables de esta novela, en donde se aprecia, igual que en toda la obra, una prosa de potente originalidad, con bellas expresiones, detalles e imágenes de una belleza extraordinaria —como el del guante de Patricia Brown, hija del director de la compañía, única persona de aquel grupo extranjero que se acercó al auténtico Macondo— o el halo poético con que está contada la escena, en la que se aprecian figuras como la sinestesia, la hipérbole, la antítesis, el símil, etc.

La lectura completa de la obra te deja la impresión de que todo es desmesurado en Macondo: las pasiones, las desgracias, las alegrías, las fuerzas de la naturaleza,…

Por ser muy conocida, no dejamos aquí reseña alguna del resto de la obra global de García Márquez, del que, por otro lado, se ha hablado mucho en Narrador.

¿Qué episodio, escena o personaje de la novela os llamó más la atención, os agradó más, creéis más logrado?

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3 commentaires:

PULGACROFT a dit…

Una de mis novelas favoritas sin duda. Me encantó y a raíz de ella comencé a leer a García Marquez.

franyelini a dit…

hola, me parecio muy interesante su texto sera que es posible que me ayude con las figuras literarias en cien años de soledad muchas gacias

Antonio Senciales a dit…

Amigo:

Para enumerar todas las figuras literarias que contiene esta obra de Gabriel García Márquez tendríamos que releer nuevamente la novela.

'Es un sol bobo, bermejo y aspero…':

'Bermejo' define el color (un extraño color de ocaso).

Los otros dos adjetivos tienen un sentido figurado. 'Bobo' sugiere la falta de fuerza del sol y 'áspero', que normalmente se refiere a tacto, es UNA SINESTESIA que añade la idea de una luz desapacible.

'Bermejo y áspero' se completan con UNA COMPARACIÓN muy viva: 'como polvo de ladrillo'. Y otra COMPARACIÓN refuerza la impresión desapacible de ese sol ('casi tan freso como el agua').

UNA HIPÉRBOLE: 'Las calles son pantanos'.

CONTRASTE: 'muebles despedazados, esqueletos de animales,…, están cubiertos de lirios colorados,..' (vida que se impone a la muerte).

Sería tarea ardua ir señalando todas las figuras literarias que aparecen en esta espléndida novela de García Márquez, pero conociendo las definiciones de esas figuras podemos señalar paulatinamente conforme vamos leyendo las principales de esas bellas figuras.

Espero hacerle servido de ayuda.

Saludos.