mardi 29 juillet 2008

+ A UN AMIGO

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Hombre, mi buen amigo, me haces una difícil propuesta. ¡Que te dé ideas para escribir un buen relato o cuento! ¡Ya las quisiera yo para mí! ¡Y me pides que te hable algo sobre qué veo con una cámara fotográfica en la mano, por ejemplo!

Me hablas de las cámaras Leica y me instas a que te diga algo de mi experiencia.

A un escritor le resulta poco probable que le puedas tú hacer ver detalles para una historia. Muchos escritores, entre ellos Cortázar, a quien mucha gente se acercaba con maravillosos temas para que escribiese una novela, un cuento, etc., han contestado siempre con un ‘Sí, es un asunto precioso para escribir una buena historia. Escríbala usted’. Es decir debe uno llevar al papel sentimientos propios y resulta problemático dar ideas que sirvan a este respecto.

Si además las ideas, notas, sugerencias, tienen que estar relacionadas con la fotografía, o sea, con una –digamos- especialidad, peor que peor. Por ejemplo, dos cámaras viejas, de prestigio, que seguro que aman los amantes de la fotografía pueden ser una Leica o una Hasselblad. Son fuertes, compactas, maravillosas. Las Leicas tienen además una óptica excepcional.

Si yo tuviera una Leica de más de treinta años, carísimas, pongamos por caso, diría que… ‘Mi Leica no es una cámara. Es un instrumento con el que creo. Son mis manos y mis ojos. Es parte de mí. Es como una mujer amada. Hay que acariciarla para que funcione adecuadamente’.

Tengo una vieja Nikon y una Canon que no lo es tanto, que me han dado muchas alegrías, y que conservo con especial cariño. Hace tiempo que me pasé a la fotografía digital.

Y ya actuando con ellas veo cantidad de cosas sobre las que se puede decir mucho. Por ejemplo, las calles de una ciudad y sus gentes, su forma de vivir. O todo un barrio antiguo y famoso, altamente típico, que me recuerda su historia árabe: el barrio de la Alfama, en Lisboa, con sus farolillos multicolores, que Serrat evoca con nostalgia en su canción ‘Fiesta’ o cuya presencia espiritual siento escuchando la canción-fado ‘Lejos de Lisboa’, de Pasión Vega.

Si hablamos de paisajes urbanos incluiré los edificios en los que vivimos y trabajamos. Habría que captar la forma en que la gente se relaciona con la ciudad, tanto cuando es entrañable como cuando no lo es. La fila de casas iguales, bajas, fotografiadas con un teleobjetivo, se abre como un acordeón dándonos la sensación de monotonía. Una fotografía agradable sin embargo nos mostrará a los vecinos charlando animadamente en el patio de atrás.

Si estamos en una gran ciudad, las perpendiculares convergentes de los rascacielos, inclinando la cámara, nos dará la impresión de altura. Y una panorámica de los rascacielos con luces en las ventanas nos hablará de la animación de la noche en la ciudad.

Si quieres decirnos cómo es una ciudad y reflejar su ambiente y su carácter, toma una calle y fotografíala (o habla de ella) a diferentes horas y verás cómo cambia: por la mañana temprano puedo pasear por ella sin gente; una bruma mañanera creará una sensación de misterio o de presagio. Puedo buscar al trabajador solitario que empieza el día. Las personas sumergidas en un paisaje urbano no tienen individualidad, simbolizarían cómo la ciudad y el hombre trabajan conjuntados.

La hora punta permite captar la prisa de la gente. Con una cámara se puede dar esta sensación moviendo la cámara en un seguimiento del sujeto a fotografiar o con una velocidad lenta de obturación (1/30 ó 1/15) para tomar una imagen borrosa. Un teleobjetivo enfatiza la extensión de un embotellamiento al comprimir la perspectiva y hacer aparecer los coches más pegados de lo que están. Como un teleobjetivo tiene poca profundidad de campo, conviene enfocar a un punto medio y si tienes mal pulso usar un trípode.

Las formas y los dibujos existen en cualquier calle y a cualquier hora del día. Una pila de latas en un escaparate, los dibujos que forman las vigas de un edificio, un buzón armonizando su color con el de la casa del fondo, los cristales de una gran fachada que reflejan imágenes cercanas. Los colores llamativos suelen crear imágenes impactantes.

Vaciar una calle se puede conseguir con la cámara sobre un trípode, con una apertura pequeña y con una exposición de un minuto o más.

Deformación. Con un objetivo gran angular y la cámara a nivel del suelo se consigue una deformación eficaz, haciendo aparecer a la gente y a los edificios más altos.

Todo esto, que parece más un tratado de fotografía que ideas para ofrecer temas a un escritor, es lo que yo he sentido y siento con una cámara en la mano. Algún día escribiré sobre ello más en profundidad. Mientras tanto, te propongo a ti que lo hagas y te aconsejo que me respondas como lo hacía Cortázar cuando le sugerían temas para escribir.

Como puedes comprobar el fotógrafo pone las bellas imágenes y el escritor las bellas palabras. Sólo he sido aprendiz de fotógrafo y ahora estoy en lo de aprendiz de escritor, como tú.

Yo te he dicho lo que siento y lo que veo. No sé lo que sentirás y verás tú. Intenta escribirlo a partir de la visión de una calle de tu ciudad. O de un barrio.

Espero que algo te sirva.

Con afecto,

Antonio S.

mercredi 18 juin 2008

+ MÁS SOBRE ARTURO REYES

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Completo el artículo anterior sobre Arturo Reyes con dos testimonios sobre su memoria: una fotografía antigua de la calle Arturo Reyes, de Melilla, muy anterior a la época en que viví en ella, y el gráfico del día de su muerte.

mardi 17 juin 2008

+ ARTURO REYES, POETA

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Hoy he recordado durante unos momentos mi estancia con diez o doce años en Melilla, en la calle Arturo Reyes, vía céntrica de la ciudad, hoy con otro nombre.

Presumo que ha sido algo de tipo paranormal, pues buscando material para mis trabajos me he encontrado que hoy, 17 de junio, precisamente hoy, en el año 1913, falleció un hijo predilecto de mi tierra, de Málaga: Arturo Reyes.

En los años de mi infancia desconocía quién fue Arturo Reyes. Lo supe muchos años después, cuando ya no vivía en ‘su’ calle.

Arturo Reyes fue un poeta malagueño (1864-1913), nacido en la barriada del Perchel. Con un año su madre abandonó al padre y éste murió cuando Arturo contaba 12 años de edad.

Fue funcionario municipal, creó una academia teatral y ejerció la profesión de redactor de prensa de conocidos periódicos (El Correo de Andalucía, El Cronista, La Unión Mercantil, Blanco y Negro,…). Amó a su ciudad apasionadamente. Fue nombrado hijo adoptivo de ella con ocasión de la concesión por la Real Academia Española del Premio Fastenrath. En un acto-homenaje celebrado en el teatro Cervantes de la ciudad en cierta ocasión —recibió varios— dedicó a su ciudad los siguientes versos:

"Málaga hermosa,
Málaga mía,
gala y orgullo
de Andalucía; ...
Por tanto amarte
no quise nunca
dejar tu seno
donde se trunca
mi vida toda, donde he vivido,
donde he sufrido, donde he luchado,
Más olvidado que bien querido;
más aunque siempre más me han amado
lejos del nido donde he nacido,
¡cómo dejarte si siempre has sido
y eres la musa de mis canciones!;
¡cómo dejarte, si tú los sones
de mis canciones das a mi lira!...
¡Ay, no te dejo,
no te abandono
que es en tu seno
donde ambiciono
ver acercarse mi hora postrera,
cuando ya a salvo mi caravana
dejar consiga tras la frontera
siempre indecisa, siempre lejana
de los abrojos que hallé doquiera
posé mi planta! ¡Ay, quien pudiera
tras tantas luchas y sinsabores,
dormir tranquila y eternamente,
bajo tu cielo resplandeciente,
bajo tus campos llenos de flores!".


Con motivo del éxito de una de sus novelas (La Goletera, 1901) es alabado por toda la prensa nacional, a cuya presentación asisten Ramiro de Maeztu, Benavente y Ortega, entre otros. Ricardo León le dedica en la ocasión un poema extenso, del que entresacamos:

“El genio resplandece en su mirada
desbordante de luz y de energía
y tiñe con su luz arrebolada
los recios trazos de su tez, tostada
por el ardiente sol de Andalucía.

Alma de artista, corazón de atleta,
de fe, de amores y entusiasmo lleno,
llegó el Arte a la gloriosa meta,
ciñendo la corona de poeta
a sus robustas sienes de agareno.

Sus versos resplandecen como espadas
escintiladas por el sol; su prosa
vibra en ondas de luz, en oleadas
de música y color, en llamaradas
de genio audaz, de inspiración radiosa...".


Mantuvo amistad con Benito Pérez Galdós, Salvador Rueda, Antonio Cánovas del Castillo (gobernador civil de Málaga, sobrino del conocido político homónimo y famoso fotógrafo que hizo popular el nombre de ‘Kaulak’, retratista de la familia real).

De Arturo Reyes podemos destacar en poesía: Íntimas, Ráfagas, Otoñales, Desde el surco, Béticas,…; relatos o cuentos: Conchita la burrera, El sargento Pelayo, Cuentos andaluces, Del Bulto a la Coracha (llevada al teatro) y novelas: Cartucherita, El lagar de la Viñuela (drama rural), La goletera, …

Sirvan estas líneas como homenaje a un luchador en vida para que su obra fuera conocida, a pesar de que en ocasiones se lamentaba del poco éxito económico y de ‘no ser profeta en su tierra’, en este aspecto quizás más pronunciadamente en su propia tierra, tal como confesó en cierta ocasión: Se extraña usted que en Málaga se vendan pocos libros . No sé si los míos tendrán algún mérito, pero voy a citarle a usted el caso de mi obra "La Goletera": Solamente en Madrid vendí en dos ediciones más de cinco mil ejemplares; aquí en Málaga no habrá llegado a un centenar, y éstos, colocados de compromiso.

Muchos escritores de talento siguen sufriendo en sus carnes hoy día las mismas dificultades.

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dimanche 8 juin 2008

+ ASINUS AUREUS

(El asno de oro)
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Un siglo más tarde que Petronio desarrolla su actividad literaria Lucio Apuleyo, de nacionalidad romana, nacido en Numidia (actual Argelia) hacia el año 124, que vivió en la época romana de los Antoninos. Su educación se llevó a cabo en Cartago y Atenas, llegando a actuar como abogado en la propia Roma.

Escribió sobre temas muy diversos: botánica, medicina, astronomía, filosofía, etc.

Su obra fundamental es la novela que él llamó Metamorfosis, también denominada El asno de oro, llena de episodios de carácter erótico y satírico. Es la única novela latina completa que se ha podido hallar. Prefigura el género de novela picaresca practicado más adelante por Quevedo, Rabelais, Bocaccio, etc.

El debate sobre la originalidad de esta obra sigue abierto.

La lectura de la novela me llevó en su día a plantearme ciertas consideraciones acerca de las estructuras de determinadas novelas y de la influencia de la literatura griega y romana en la nuestra a través de La Odisea, El asno de oro y El Quijote.

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Extractos de ‘El asno de oro’:

“En este libro, compuesto al estilo de Mileto, podrás conocer y saber diversas historias y fábulas, con las cuales deleitarás tus oídos y sentidos, si quisieres leer y no menospreciares ver esta escritura egipciaca, compuesta con ingenio de las riberas del Nilo; porque aquí verás las fortunas y figuras de hombres convertidas en otras imágenes y tornadas otra vez en su misma forma. De manera que te maravillarás de lo que digo. Y si quieres saber quién soy, en pocas palabras te lo diré: Mi antiguo linaje tuvo su origen y nacimiento en las colinas del Himeto ateniense, en el istmo de Efirea y en el Tenaro de Esparta, que son ciudades muy fértiles y nobles, celebradas por muchos escritores. En esta ciudad de Atenas comencé a aprender siendo mozo; después vine a Roma, donde con mucho trabajo y fatiga, sin que maestro me enseñase, aprendí la lengua natural de los Romanos. Así que pido perdón si en algo ofendiere, siendo yo rudo para hablar lengua extraña. Que aun la misma mudanza de mi hablar responde a la ciencia y estilo variable que comienzo a escribir. La historia es griega, entiéndela bien y habrás placer.

Primer libro

Argumento

Lucio Apuleyo, deseando saber arte mágica, se fue a la provincia de Tesalia, donde estas artes se sabían; en el camino se juntó tercero compañero a dos caminantes, y andando en aquel camino iban contando ciertas cosas maravillosas e increíbles de un embaidor y de dos brujas hechiceras que se llamaban Meroe y Panthia, y luego dice de cómo llegó a la ciudad Hipata y de su huésped Milón, y lo que la primera noche le aconteció en su casa. Lee y verás cosas maravillosas.


Capítulo I

Cómo Lucio Apuleyo, deseando saber el arte mágica, se fue a la provincia de Tesalia, donde al presente más se usaba que en otra parte alguna, y llegando cerca de la ciudad de Hipata, se juntó con dos compañeros, los cuales, hasta llegar a la ciudad, fueron contando admirables acontecimientos de magas hechiceras.

Capítulo II

Cómo Aristómenes, que así se llamaba el segundo compañero,prosiguiendo en su historia, contó a Lucio Apuleyo cómo las dos magas hechiceras Meroe y Panthia degollaron aquella noche a Sócrates,indignadas de él.

Capítulo III

En el cual cuenta Lucio Apuleyo cómo llegó a la ciudad de Hipata, fue bien recibido de su huésped Milón y de lo que le aconteció con un antiguo amigo suyo llamado Pithias, que al presente era almotacén en la ciudad.

Segundo libro

Argumento

En tanto que Lucio Apuleyo andaba muy curioso en la ciudad de Hipata, mirando todos los lugares y cosas de allí, conoció a su tía Birrena, que era una dueña rica y honrada; y declara el edificio y estatuas de su casa, y cómo fue con mucha diligencia él avisado que se guardase de la mujer de Milón, porque era gran hechicera; y cómo se enamoró de la moza de casa, con la cual tuvo sus amores; y del gran aparato del convite de Birrena, donde ingiere algunas fábulas graciosas y de placer; y de cómo guardó uno a un muerto, por lo cual le cortaron las narices y orejas, y después cómo Apuleyo tornó de noche a su posada, cansado de haber muerto no a tres hombres, más a tres odres.

Capítulo I

Cómo andando Lucio Apuleyo por las calles de la ciudad de Hipata, considerando todas las cosas, por hallar mejor el fin deseado de su intención, se topó con una su tía llamada Birrena, la cual le dio muchos avisos en muchas cosas de que se debía guardar.

Capítulo II

Cómo despedido Lucio Apuleyo de Birrena, su tía, se vino para la posada de su huésped Milón, donde, llegado, halló a Fotis la moza de casa, que guisaba de comer. Y enamorándose el uno del otro, concertaron de juntarse a dormir.

Capítulo III

Que trata cómo levantado Lucio Apuleyo de la mísera mesa de Milón, apesarado con los cuentos y pronósticos del candil, se fue a su cámara, adonde halló aparejado muy cumplidamente de cenar, y después de haber cenado se gozaron en uno, por toda la noche, su amada Fotis y él.

Undécimo libro


Capítulo IV

En el cual cuenta su entrada en la religión, y cómo se fue vuelto a Roma, donde, ordenado en las cosas sagradas, fue recibido en el colegio de los principales sacerdotes de la diosa Isis.”.

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samedi 7 juin 2008

+ LA MATRONA DE ÉFESO

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Satyricon es la primera novela en el ámbito occidental, de la que se conservan algunos libros y fragmentos. Es una obra de amor, de aventuras y de viaje, que incluye relatos costumbristas, cuentos populares, crítica literaria, etc.

Para los estudiosos del latín es de destacar la habilidad de Petronio, su autor, en la conversación de algunos personajes del habla cotidiana de las clases populares y bajas.

Escrita en el siglo I a. C. en prosa y en verso, esta novela romana se atribuye a Cayo Petronio Arbiter, aristócrata de familia romana, célebre por su elegancia y su cultura.

De ella extraemos el cuento La matrona de Éfeso, que reproducimos a continuación en versión española.

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(CXI)

En Éfeso había una matrona con tal fama de honesta que hasta venían las mujeres a conocerla desde países vecinos. Esta matrona perdió a su esposo y no se contentó entonces con ir detrás del cuerpo con los cabellos en desorden, como es costumbre entre el vulgo, ni con golpearse el pecho desnudo ante los ojos de todos, sino que fue detrás de su finado marido hasta su tumba y luego de depositarlo, según la usanza de los griegos, en el hipogeo, se consagró a velar el cuerpo y a llorarlo día y noche. Sus padres y familiares no pudieron hacerla cejar en esa actitud que, llevada a la desesperación, la haría morir de hambre. Hasta los magistrados desistieron del intento al verse rechazados por ella. Todos lloraban casi como muerta a esa mujer que daba ejemplo sin igual consumiéndose desde hacía ya cinco días sin probar bocado. La acompañaba una sirvienta muy fiel que compartía su llanto y renovaba la llama de la lamparilla que alumbraba el sepulcro cuando comenzaba a apagarse. En la ciudad no se hablaba de otra cosa que no fuera de esta abnegación, y hombres de toda condición social la daban como ejemplo único de castidad y amor conyugal.

En ese tiempo el gobernador de la provincia ordenó crucificar a varios ladrones cerca de la cripta donde la matrona lloraba sin interrupción la reciente muerte de su marido. Durante la noche siguiente a la crucifixión, un soldado que vigilaba las cruces para impedir que alguno desclavase los cuerpos de los ladrones para sepultarlos, notó una lucecita que titilaba entre las tumbas y oyó los lamentos de alguien que lloraba. Llevado por la natural curiosidad humana, quiso saber quién estaba allí y qué hacía. Bajó a la cripta y, descubriendo a una mujer de extraordinaria belleza, quedó paralizado de miedo, creyendo hallarse frente a un fantasma o una aparición. Pero cuando vio el cadáver tendido y las lágrimas de la mujer, su rostro rasguñado, se fue desvaneciendo su propia impresión, dándose cuenta de que estaba ante una viuda que no hallaba consuelo. Llevó a la cripta, su magra cena de soldado y comenzó a exhortar a la afligida mujer para que no se dejase dominar por aquel dolor inútil ni llenase su pecho con lamentos sin sentido.

-La muerte -dijo- es el fin de todo lo que vive: el sepulcro es la íntima morada de todos.

Acudió a todo lo que suele decirse para consolar las almas transitadas de dolor. Pero esos consejos de un desconocido la exacerbaban en su padecer y se golpeaba más duramente el pecho, se arrancaba mechones de cabellos y los arrojaba sobre el cadáver. El soldado, sin desanimarse, insistió, tratando de hacerle probar su cena. Al fin la sirvienta, tentada por el olorcito del vino, no pudo resistir la invitación y alargó la mano a lo que les ofrecía, y cuando recobró las fuerzas con el alimento y la bebida, comenzó a atacar la terquedad de su ama:

-¿De qué te servirá todo esto? -le decía-. ¿Qué ganas con dejarte morir de hambre o enterrada, entregando tu alma antes que el destino la pida? Los despojos de los muertos no piden locuras semejantes. Vuelve a la vida. Deja de lado tu error de mujer y goza, mientras sea posible, de la luz del cielo. El mismo cadáver que está allí tiene que bastarte para que veas lo bella que es la vida. ¿Por qué no escuchas los consejos de un amigo que te invita a comer algo y no dejarte morir?

Al fin la viuda, agotada por los días de ayuno, depuso su obstinación y comió y bebió con la misma ansiedad con que lo había hecho antes la sirvienta.

(CXII)

Se sabe que un apetito satisfecho produce otros. El soldado, entusiasmado con su primer éxito, cargó contra su virtud con argumentos semejantes.

-No es mal parecido ni odioso este joven- se decía la matrona, que además era acuciada por la sirvienta que le repetía:

-¿Te resistirás a un amor tan dulce? ¿Perderás los años de juventud? ¿A qué esperar más tiempo?

La mujer, después de haber satisfecho las necesidades de su estómago, no dejó de satisfacer este apetito... y el soldado tuvo dos triunfos. Se acostaron juntos no sólo esa noche sino también el día siguiente y el otro, cerrando bien las puertas de la cripta de modo que si pasase por allí tanto un familiar como un desconocido, creyeran que la fiel mujer había muerto sobre el cadáver de su esposo. El soldado, fascinado por la hermosura de la mujer y por lo misterioso de estos amores, compraba de todo lo mejor que su bolsa le permitía y al caer la noche lo llevaba al sepulcro. Pero he aquí que los parientes de uno de los ladrones, notando la falta de vigilancia nocturna, descolgaron su cadáver y lo sepultaron. El soldado, al hallar al otro día una de las cruces sin muerto, temeroso del suplicio que le aguardaría, contó lo ocurrido a la viuda:

-No, no -le dijo- no esperaré la condena. Mi propia espada, adelantándose á la sentencia del juez, castigará mi descuido. Te pido, mi amada, que una vez muerto me dejes en esta tumba. Pon a tu amante junto a tu marido.

Pero la mujer, tan compasiva como virtuosa, le respondió:

-¡Que los dioses me libren de llorar la muerte de los dos hombres que más he amado! ¡Antes crucificar al muerto que dejar morir al vivo!

Una vez dichas estas palabras, le hizo sacar el cuerpo de su esposo del sepulcro y colgarlo en la cruz vacía. El soldado usó el ingenioso recurso y al día siguiente el pueblo admirado se preguntaba cómo un muerto había podido subir hasta la cruz.

Confía tu barco a los vientos
pero jamás tu corazón a una mujer
porque las olas son más firmes
que la fidelidad de la mujer.

No hay ninguna mujer buena
o si alguna vez lo ha sido
No comprendo cómo algo malo
pudo ser bueno alguna vez.

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samedi 31 mai 2008

+ MUCHA SUERTE

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Me agradaría dejar aquí algunas notas en mi calidad de LECTOR entusiasta de un nuevo libro de cuentos. Y digo como lector porque considero que es la faceta más apreciada por mí en el campo de la literatura, como ya se encargó de recordarnos el insigne escritor e incansable lector Jorge Luis Borges: ‘Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído’, que suscribo plenamente.

Acabo de recibir ‘Mucha suerte’, el primer libro de relatos publicado de Antonio Báez, de profesión NARRADOR, malagueño, que acaba de ver la luz pública de la mano de Editorial Narradores, S.L., joven editorial que nace por iniciativa de un grupo de jóvenes vascos amantes de su profesión (periodistas, diseñadores gráficos, fotógrafos,…), cuyo entusiasmo por la literatura es digno de elogio.

Este libro de relatos está muy bien diseñado, tiene una buena presentación y se mete sin duda por los ojos.

Son trece relatos cortos, trece cuentos, cuya trama abarca temas de la vida cotidiana (personajes que hacen autostop, alguien que recuerda el pelo largo de sus años mozos, otro que asiste a su propio funeral, un profesional mediático que recuerda su labia de su etapa de locutor radiofónico, etc.), que están narrados con una agudeza sin par, con buenas dosis de fino humor e ironía. En algunos (Helena, por ejemplo) se entremezclan escenas fantásticas, esperpénticas, absurdas y contradictorias formando un cóctel divertido y sugerente.

Nos tropezamos con un narrador de vocación retardada, germinada tras muchos años previos de lecturas salteadas de toda clase, con una vida de profesor de instituto como licenciado en Filología Clásica, circunstancias que le han ayudado sin duda para disfrutar de un buen manejo del lenguaje.

Me confieso un devoto admirador de Antonio Báez y celebraría grandemente que otros relatos que no aparecen en este libro, como: Las señoritas, La Mudanza, Pornografía, Gasolina, Papiroflexia, Marcianos, Lecciones de golf, Bizcos, Guantes, Casa,…, llegasen en breve a formar la segunda parte de ‘Mucha suerte’, que se hallan al mismo nivel narrativo que los de este libro ahora impreso.

La estupenda calidad de estos relatos y la experiencia como narrador acumulada tras más de dos años escribiendo relatos han llevado al Sr. Báez a ensayar otros estilos y puntos de vista y así han nacido hermosas narraciones íntimas, agrupadas bajo los nombres genéricos de: 62 maneras de apoyar la cabeza, Animalario, Crónicas, Diario, El libro de los peligros, El mundo del motor, Exxxperiencias, Las viudas, Los invisibles, etc., etc., a las que vaticino su aparición en un tercer volumen de relatos. Sin duda su paso por TusRelatos.com, Narrador.es y su blog personal ha sido enriquecedor para el narrador y para nosotros los lectores.

Algunos de estos últimos mencionados -comme moi- ha querido aprender del Sr. Báez, pero esa es tarea ardua porque es difícil parecérsele en la parcela narrativa.

¡Mucha suerte con su libro, Sr. Báez! ¡Que la suerte le sea propicia en el mundo de las letras!

¡No deje de escribir nunca, por favor!

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+ JUGAR CON NUESTRO IDIOMA...

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(Me dicen que ha sido tomado del homenaje al III Congreso de la Lengua Española).

Señores:
Un servidor
Pedro Pérez Paticola,
cual la Academia Española
"Limpia, Fija y da Esplendor".
Y no por ganas de hablar,
pues les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al idioma castellano,
donde hay mucho que arreglar.

¿Me quieren decir por qué,
en tamaño y en esencia,
hay esa gran diferencia
entre buque y un buqué?
¿Por el acento? Pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
de presidio y presidió,
ni de tomas a Tomás
ni de topo al que topó.
Mas dejemos el acento,
que convierte, como ves,
las ingles en un inglés,
y pasemos a otro cuento.

¿A ustedes no les asombra
que diciendo rico y rica,
majo y maja, chico y chica,
no digamos hombre y hombra?
Por eso no encuentro mal
si alguno me dice cuala,
como decimos Pascuala,
femenino de Pascual.

¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta
y al sastre, que trajes corta,
no lo llamamos trajero?
¿Por qué las Josefas son
por Pepitas conocidas,
como si fuesen salidas
de las tripas de un melón?
¿A vuestro oído no admira,
lo mismo que yo lo admiro,
que quien descerraja un tiro,
dispara, pero no tira?

Este verbo y otros mil
en nuestro idioma son barro;
tira, el que tira de un carro,
no el que dispara un fusil.
De largo sacan largueza
en lugar de larguedad,
y de corto, cortedad
en vez de sacar corteza.

De igual manera me quejo
de ver que un libro es un tomo;
será tomo, si lo tomo,
y si no lo tomo, un dejo.
Si se le llama mirón
al que está mirando mucho,
cuando mucho ladre un chucho
se lo llamará ladrón.
Porque la sílaba "on”
indica aumento, y extraño
que a un ramo de gran tamaño
no se lo llame Ramón.
Y por la misma razón,
si los que estáis escuchando
un gran rato estáis pasando,
estáis pasando un ratón.

Y sobra para quedar
convencido el más profano,
que el idioma castellano
tiene mucho que arreglar...


(Pablo Parellada, España, 1855-1944, escritor, humorista y comediógrafo).

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mardi 27 mai 2008

+ AGUANTANDO


Novela de José Mª. Senciales, Editorial Abecedario, Badajoz, 2008, 349 páginas.
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He gozado, lo sé, de un privilegio raro en el mundo de las letras: asistir a la gestación casi paso a paso, y después al nacimiento, de la primera obra, de la opera prima, de un joven escritor. Y digo un privilegio porque esta situación te permite vivir bien de cerca los anhelos, las inquietudes, las preocupaciones, las satisfacciones,…, de alguien que siente pasión por la literatura, por la narración en voz activa, ejercida en su tiempo libre, fuera de su actividad profesional, que estoy convencido es el vivo y repetitivo retrato de todo aquel que vio cómo salía a la luz la primera de sus obras.

Créanme, merece la pena este feliz espectáculo prolongado en el tiempo, culminado finalmente con la aparición de Aguantando, primera novela publicada de José María Senciales.

José María es Profesor Titular de Geografía en la Universidad de Málaga y está especializado en Geografía Física.

Nos dice el autor en la solapa de la obra que el núcleo de la obra es una acción dramática plagada de notas de humor que pretende remover conciencias y despertar en el lector la autocrítica mediante la pregunta, ¿Aguantamos o resistimos?

Vivir momentos de una naturaleza trastornada durante el proceso de creación de un pueblo imaginario, nos permite asistir a episodios diversos de acoso moral y miedos personales, a un caciquismo enquistado en el siglo XXI (y que sigue perdurando en diferentes modalidades en algunos pueblos andaluces), a un buen despliegue de fenómenos naturales que se explican al lector convenientemente reconociendo en ellos la faceta científica del escritor, combinado todo con entrañables notas de humor e ironía que abarcan nombres de partidos políticos, accidentes y lugares geográficos, comercios pueblerinos, nombres de personas (con sentido encubierto), etc.

En algunos pasajes de la novela, salvando las lógicas diferencias de tiempo y espacio, el pueblo de Torres del Ocaso me ha traído recuerdos ligados a la naturaleza de otro que se ha hecho popular a través de los años en la literatura universal: Macondo.

El título de la obra —AGUANTANDO— (‘aguantar’ según la RAE: soportar a alguien o a algo molesto o desagradable) deja a propósito una nota con carga negativa. Pero el autor se pregunta, y le pregunta al lector, si en la vida en definitiva, ¿no RESISTIMOS?, término con un matiz más positivo, que la Real Academia admite también al definir ‘aguantar’.

Debo confesar que Aguantando me ha parecido una buena novela y me ha gustado. Espero que la segunda novela de este joven autor sea publicada pronto. Me consta que trabaja en otras. ¡Suerte!

Mis felicitaciones al autor y a la Editorial. A ésta por apostar por un joven autor español, a los que he dedicado espacios en muchas de MIS LECTURAS.

La novela ha sido publicada por Editorial Abecedario, Badajoz.

La reseña de esta novela aparecerá también en aquí.

samedi 5 janvier 2008

+ OTROS LIBROS

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Superado ya el grueso de las fiestas navideñas en que por razones de edad y de higiene mental se ve uno obligado a administrar la nostalgia, se comienza a vivir de lleno un nuevo y esperanzador año.

Existe la consabida tradición de formular nuevos deseos y metas o de hacer un pequeño examen de lo que ha sido el año que se nos ha ido en un abrir y cerrar de ojos.

Respecto de los propósitos, ya tomé hace tiempo una decisión: no hacérmelos. ¿Para qué? ¿Para no cumplirlos? Mejor dejar pequeñas metas de lado y dedicarse a vivir la vida, a hacer lo que te venga en gana sin más, sin orden ni concierto ni pequeños fines.

En cuanto al examen del año finalizado, se pueden desgranar actividades realizadas, entre otras muchas cosas. Y aquí sí se me ocurren listas. Dos al menos: la de los libros comprados para ir leyendo y la de los libros leídos.

De los comprados, empiezo por mencionar de los más recientes a los más lejanos en el tiempo. Me apresuro a aclarar que es una lista muy personal y responde a criterios que sería tarea larga y no fácil enumerar. Algunos han sido:

La carretera, de Cormac McCarthy
El Danubio, de Claudio Magris
Misterios de las noches y los días, de Juan Eduardo Zúñiga
La tentación de lo imposible, de Mario Vargas Llosa
Esperando a los años que no vuelven, de César Antonio Molina
Cuentos completos, de Truman Capote
En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán
Cuentos completos, de Herman Melville
Tierra roja y lluvia torrencial, de Vikram Chandra
La saga/fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
Los príncipes nubios, de Juan Bonilla
El que apaga la luz, de Juan Bonilla
La higuera, de Ramiro Pinilla
Ochenta y seis cuentos, de Quim Monzó
6 falsas novelas, de Ramón Gómez de la Serna
Senos, de Ramón Gómez de la Serna
La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec
La mariposa de obsidiana, de Juan Bolea
Los mejores cuentos, de Sergio Pitol
La reina sin espejo, de Lorenzo Silva
Nos espera la noche, de Espido Freire
La ciudad en invierno, de Elvira Navarro
Podría hacerte daño, de Luisa Castro


jeudi 27 décembre 2007

+ LITUMA EN LOS ANDES

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A la petite Michèle la altura le sentaba mal —se había quejado de una presión en las sienes semejante a la que le producían esas películas de terror que le encantaban, y de un malestar general e indeterminado— pero, a pesar de ello, estaba impresionada por la desolación y la crudeza del paisaje. Albert, en cambio, se sentía magníficamente bien. Como si se hubiera pasado la vida a tres o cuatro mil metros de altura, entre esas cumbres filudas manchadas de nieve y los rebaños de llamas que, de tanto en tanto, cruzaban la trocha. El zangoloteo del viejo ómnibus era tal que a ratos parecía desmoronarse en esos baches, en esos huecos, en esas piedras que salían a desafiar su ruinosa carrocería a cada instante. Eran los únicos extranjeros, pero a sus compañeros de viaje la parejita de franceses no parecía llamarles la atención. Ni siquiera cuando los oían hablar una lengua extranjera se volvían a mirarlos. Iban envueltos en chalinas, ponchos y uno que otro chullo, arropados para la noche ya inminente, y cargados de atados, paquetes y maletas de hojalata. Hasta gallinas cacareantes traía consigo una señora. Pero ni la incomodidad del asiento, ni el zamaqueo ni la apretura importaban lo más mínimo a Albert y a la petite Michèle.
Ça va mieux? —preguntó él.
Oui, un peu mieux.
Y un momento después, la petite Michèle dijo en voz alta lo que Albert también pensaba: él había tenido razón, cuando discutieron en la pensión El Milagro, de Lima, sobre si hacer el viaje al Cusco por tierra o avión. Ella se había empeñado en el avión, por los consejos del señor de la embajada, pero él insistió tanto en el ómnibus que la petite Michèle cedió. No lo lamentaba, al contrario. Hubiera sido una lástima perderse esto.
—Claro que hubiera sido —exclamó Albert, señalando a través del cristal estriado de la ventanilla—. ¿No es formidable?
El sol se estaba ocultando y había una suntuosa cola de pavorreal en el horizonte. Una larga meseta verdioscura, sin árboles, sin viviendas, sin gente ni animales, se extendía a su izquierda, animada por brillos acuosos, como si entre los mechones de paja amarillenta hubiera riachuelos o lagunas. A su derecha, en cambio, se levantaba una hirsuta geografía perpendicular de enhiestas rocas, abismos y quebradas.
—Así debe de ser el Tibet —murmuró la petite Michèle.
—Te aseguro que esto es más interesante que el Tibet —repuso Albert—. Te lo anticipé: Le Pérou, ça vaux le Pérou!
Delante del viejo ómnibus era ya de noche y había comenzado a enfriar. Brillaban algunas estrellas en el cielo azul añil.



(Lituma en los Andes, Mario Vargas Llosa, Editorial Planeta).

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Mario Vargas Llosa, peruano, es novelista, periodista y ensayista y uno de los autores más renombrados que escriben en lengua española. Con Lituma en los Andes consiguió en 1993 el Premio Planeta. Está en posesión de numerosos premios y distinciones, entre ellos el Premio Cervantes. Es académico de la RAE y ha sido investido doctor honoris causa por numerosas universidades.

De entre su numerosa producción literaria podemos citar: La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, Elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto, La fiesta del Chivo, Travesuras de la niña mala,…

Por su trayectoria profesional como escritor y la importancia de su obra literaria ha contraído méritos sobrados para haber sido elegido ya Premio Nobel de Literatura. Esperemos que lo sea pronto.

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¿Cuál de las novelas leídas de este escritor os gustó más?
¿Encontráis atractiva y elegante la prosa de Vargas Llosa?

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mercredi 12 décembre 2007

+ LA VOZ DE UN POETA: Rafael Alberti

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El día 16 de diciembre se cumplen ciento cinco años del nacimiento, en Puerto de Santa María (Cádiz), de uno de los grandes escritores de la llamada Edad de Plata de la literatura española: Rafael Alberti (1902-1999).

Al estallar la Guerra Civil española se exilió como tantos otros intelectuales afectos a la República.

Poeta y pintor perteneciente a la Generación del 27 destacamos de entre su obra los poemarios: Marinero de tierra, La amante, El alba del alhelí, Cal y canto, Sobre los ángeles, Sermones y moradas,…

Fue distinguido con numerosos premios y distinciones, entre ellos el Premio Nacional de Literatura.

Algunos de sus poemas han sido tomados como letras de sus canciones por artistas populares.

Como homenaje a su persona dejamos aquí dos poemas cortos de su abundante producción:

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento la vela!

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Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas eran rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

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lundi 10 décembre 2007

+ UNA FÁBULA

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El responsable de todo el alboroto yacía para entonces en el arroyo de un callejón sin salida, lugar adonde lo habían llevado los dos policías que lo rescataran antes de que la turbamulta desencadenada lograra acabar con él; estaba tendido de espaldas, inconsciente, una expresión de completa serenidad en el rostro, un hilillo de sangre en la comisura de la boca, y los dos agentes de pie a su lado, si bien, una vez calmada la indignación, sus simples uniformes parecían ya contención suficiente para los indignados ciudadanos que los habían seguido y que formaban un círculo en torno de él, contemplando el rostro inconsciente y sereno.

—¿Quién es? —preguntó una voz.
—Lo conocemos bien —dijo uno de los policías—. Es inglés. Hemos tenido problemas con él desde que terminó la guerra; no es la primera vez que ha insultado a nuestro país y ha avergonzado al suyo.
—Quizás se muera esta vez —dijo otra voz. Luego el hombre tumbado en el arroyo abrió los ojos y se echo a reír, o lo intentó, atragantándose al principio, y, trataba de torcer la cabeza, como para sacarse de la boca y de la garganta lo que le ahogaba, cuando otro individuo se abrió paso entre la multitud y se le acercó: un anciano, un gigante demacrado de rostro enfermo y agotado, de ojos ávidos y apasionados por encima de un canoso bigote militar, que llevaba un abrigo negro muy usado con tres diminutos distintivos descoloridos en la solapa, se arrodilló junto al inglés, le pasó un brazo por detrás de la cabeza y de los hombros, lo incorporó y le hizo volver ligeramente la cabeza hasta que consiguió escupir la sangre y los dientes rotos y pudo hablar. O reír, más bien, que fue lo que hizo en primer lugar, descansando como en una cuna en el brazo del anciano, si dejar de reír en dirección al círculo de rostros que lo rodeaba, para luego hablar también él en francés:
—Es cierto —dijo—.Temblad. No me voy a morir. Nunca.
—Yo no estoy riendo —dijo el anciano inclinado sobre él—. Lo que ve son lágrimas.

(Una fábula, William Faulkner, Alfaguara).

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Una fábula es la menos faulkeriana de las novelas del autor, una fantasía pedagógica y moralizante que tiene poco que ver con la literatura del género al uso, que alcanza a dejarnos maravillados.

Es la historia del soldado que está enterrado en el Arco del Triunfo de París... Su mujer se llama Magda. Lo fusilaron entre dos ladrones. Resucitó. Era cabo de un regimiento francés en la Primera Guerra Mundial y se negaba a usar las armas.

Cuando leí Una fábula, con una trama esperpénticamente absurda o absurdamente esperpéntica, que narra la historia del cabo del regimiento francés que en la Primera Guerra Mundial se negaba a atacar al enemigo en un vano intento de aplicar los principios del pacifismo en pleno campo de batalla, me vino a la memoria Bartleby y su respuesta concisa: Preferiría no hacerlo.

El fragmento reproducido es uno de los últimos que serán transcritos aquí y en otras webs y una forma de despedida de este tipo de análisis de la LITERATURA de todos los tiempos, un párrafo de esta novela, quizás poco apreciada en general del Premio Nobel de Literatura, para él sin embargo su obra maestra.

En la selección de párrafos realizada globalmente hasta hoy hay representadas novelas y narraciones de todos los tiempos y estilos, de autores de primer orden y no tanto.

Seguiremos recorriendo el extenso campo de la LITERATURA desde otras perspectivas. Es posible que como lector todavía.

No dejamos una reseña de las obras de William Faulkner, Premio Nobel de Literatura 1950, por resultar un escritor bien conocido.

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¿Algún comentario sobre este autor o sus obras?

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samedi 8 décembre 2007

+ 80º. ANIVERSARIO DE LA GENERACIÓN DEL 27

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Leo en Babelia que se cumplen este año 2007 ochenta años de una generación de poetas que pueden ser considerados hoy ya clásicos, amigos entre ellos —unos más que otros—, que ostentaban espíritu de clan, que se autoproclamaron ‘nietos de Góngora’ y que son considerados legatarios de Juan Ramón Jiménez: El Grupo del 27 (mejor que la Generación del 27).

En esa larga nómina de eminentes poetas están Luis Cernuda, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Rosa Chacel, Manuel Altolaguirre, Fernando Villalón,…

Otros artistas adscritos a esa generación, sumidos en los aires regeneradores de la vanguardia estética en la Europa de aquellos años, fueron Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, María Zambrano, etc.

Sirva este pequeño recuerdo como homenaje a poetas, pintores, cineastas, filósofos,…, de aquella fértil generación, muchos de los cuales pasaron por la Residencia de Estudiantes durante sus estancias o visitas a Madrid.

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+ FRANCISCO AYALA: EL LECTOR INCANSABLE

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Para mí ser lector es algo que debiera ser catalogado como profesión. Por eso cuando leo alguna noticia relacionada con este punto me intereso vivamente por ella. Les cuento.

Leo en Babelia un artículo, firmado por Juan Cruz, en el que se nos cuenta el sistema que sigue actualmente para no abandonar la lectura un hombre de 101 años, Francisco Ayala (nacido en 1906), escritor y académico de la RAE, limitado en su visión actualmente por razones de edad. Se sirve de un artilugio que incorpora los avances tecnológicos últimos que el hombre ha inventado ‘para saber más, y para saber menos’, por el que se hacen pasar libros, periódicos, noticias escritas, cartas, mensajes electrónicos,..., todo un método por el cual se mantiene informado y al día el Sr. Ayala. Puede verse un detalle de tal sistema en la fotografía del margen.

Me ha encantado comprobar la forma en que un hombre cercano a los 102 años mantiene su actividad física e intelectual al máximo nivel posible, ayudándose de los avances de la ciencia. Pero lo más estimulante es la lección que nos da como LECTOR.

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dimanche 2 décembre 2007

+ ¿POR QUÉ NO SE LEE EL CUENTO ESPAÑOL?

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Leo en Babelia, del 1-12-2007, un artículo titulado ‘Tribulaciones entre cuento y corto’, debido a la pluma de Antonio Luis de Villena, en donde en un análisis pormenorizado destinado al debate afirma en titulares que ‘el relato es la cenicienta de la literatura española’. En él se ocupa, además, del cortometraje en el cine.

Los editores pagan mucho menos por el relato o cuento, incluso a autores conocidos, argumentando que el problema está en el lector. Según esta teoría generalizada al lector español le gusta poco el cuento como le gusta poco la poesía, prefiere —a pesar de la cultura de la imagen— una gruesa novela-río que dé lectura para unas vacaciones enteras (hay largas novelas estupendas), añade el articulista.

Pero si en España el cuento (junto con la poesía) es la cenicienta (y ha habido ilustres cuentistas), no ocurre lo mismo en Hispanoamérica, tan rica en relatos. Borges, Cortázar, Onetti, Monterroso,…, gozaron de un fiel público lector.

¿POR QUÉ NO SE LEE EL CUENTO ESPAÑOL?, se pregunta el articulista.

Desde Chejov, Katherine Mansfield, Quiroga,…, el cuento es como ‘un ágil pedazo de vida’, del que por elipsis, sale la vida toda, pero como es breve, ha de acentuarlo todo, señala de Villena.

Termina preguntándose el articulista si al cuento español —también a la poesía— no le falta lirismo o la falta de lectura no se debe a la feroz incultura que afecta a nuestro país desde hace al menos una decena de años.

Y finalmente, si la ‘literatura best-sellerista’ alarga su vida, si los haikus o tankas japoneses y el microrrelato hispanoamericano producen arte breve, ¿por qué ocurre esto?

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Pregunto a los narradores habituales de las webs, ¿qué opináis al respecto?

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vendredi 30 novembre 2007

+ UNA FÁBULA (observaciones)

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Estoy recordando UNA FÁBULA, la novela menos faulkeriana, una fantasía pedagógica y moralizante, que tiene poco que ver con la literatura del género al uso, que alcanza a dejarnos maravillados.

'Es la historia del soldado que está enterrado en el Arco del Triunfo de París... Su mujer se llama Magda. Lo fusilaron entre dos ladrones. Resucitó.'


Publicaré en los próximos días, a modo de despedida de este tipo de análisis de la LITERATURA de todos los tiempos, un párrafo significativo de esta novela, quizás poco apreciada en general del Premio Nobel de Literatura —para él su obra maestra—, que en su discurso de aceptación del premio, en diciembre de 1950, nos dijo, entre otras cosas, que

'Nuestra tragedia de hoy es un miedo físico general y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Ya no quedan problemas del espíritu; tan sólo una pregunta: ¿cuándo seré aniquilado? Es por eso que el hombre o la mujer joven que escribe actualmente ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo, que solos bastarían para producir buena escritura porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable de todo es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada distinto de las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo está bajo maldición. No escribe sobre amor sino sobre lujuria, sobre derrotas en las que nadie pierde nada valioso, sobre victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Su dolor no llora sobre fibras universales y no deja huella. No escribe con el corazón; escribe con las glándulas.'

'Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre e inmerso en él. Me rehúso a aceptar el fin del hombre.'
...

En la selección de párrafos realizada hasta hoy hay novelas y narraciones de todos los tiempos y estilos, de autores de primer orden y no tanto.

Seguiremos recorriendo el extenso campo de la LITERATURA desde otras perspectivas. Es posible que como lector todavía.

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+ MANHATTAN TRANSFER

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II. METRÓPOLI

Babilonia y Nínive eran de ladrillo. Toda Atenas era doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los alminares llamean como enormes cirios en torno al Cuerno de Oro… Acero, vidrio, baldosas, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes sobre la tormenta.

Cuando la puerta del cuarto se cerró tras él, Ed Thatcher se sintió muy solo, lleno de punzante inquietud. Si Susie estuviera allí le diría cuánto dinero iba a ganar, le diría que cada semana depositaría diez dólares en la caja de ahorros para la pequeña Ellen, lo cual haría quinientos veinte dólares al cabo del año… En diez años, sin contar el interés, más de cinco mil dólares. Tengo que calcular el interés compuesto de quinientos veinte dólares al cuatro por ciento. Ed daba vueltas por el cuarto, muy agitado. La luz de gas gemía confortablemente como un gato. Sus ojos cayeron sobre el titular de un periódico que andaba por los suelos junto al cubo de carbón donde lo había tirado cuando salió a la calle a buscar un coche para llevar a Susie al hospital.

MORTON FIRMA EL NUEVO PROYECTO DE ENSANCHE DE NUEVA YORK

Aprueba el decreto que hará de Nueva York la segunda metrópoli del Mundo

Respirando profundamente dobló el periódico y lo dejó en la mesa. La segunda ciudad del mundo… Y papá quería que me quedara en su viejo tenducho de Onteora. Y quizás me hubiese quedado si no fuera por Susie… Señores, esta noche que ustedes me hacen el señalado favor de brindarme una participación en su casa, quiero presentarles a mi mujercita. Todo se lo debo a ella.

En la reverencia que hizo a la chimenea, tropezó con la consola próxima a la librería y tiró una figurita de China. Chasqueando la lengua se agachó a recogerla. La cabeza de la holandesita, en porcelana azul, estaba separada del cuerpo. Y la pobre Susie, tan encariñada con sus chucherías. Mejor será irse a la cama.

Levantó la ventana y se asomó. Un tren elevado retumbó al extremo de la calle. Una humareda de carbón le dio en las narices. Con medio cuerpo fuera de la ventana se quedó largo rato mirando a la calle a derecha y a izquierda. La segunda ciudad del mundo. Las casas de ladrillo, la luz empañada de los faroles, las voces de un grupo de granujillas que se peleaban en la escalera de la casa fronteriza, el paso firme y regular de un policía, le daban una impresión de movimiento, como de soldados en marcha, como un vapor de ruedas remontando el Hudson, como una parada electoral que se dirigiese por las largas calles hacia algo muy grande, muy blanco, lleno de columnas, majestuoso. Metrópoli.


(Manhattan Transfer, John Dos Passos, Editorial Bruguera).

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John Dos Passos, novelista y periodista estadounidense, alcanzó relieve internacional con su novela Manhattan Transfer (1925), en la que utiliza la técnica de secuencias breves, en las que yuxtapone las historias de decenas de personajes. Es un mosaico de las gentes del New York de la época en que escribe. Es un claro testimonio de la influencia de la narración disociativa, recombinatoria, fragmentaria, que define la técnica cinematográfica de aquellos años.

Obras afines, cercanas en la técnica narrativa utilizada, son The Waste Land, de Eliot, y Tirano Banderas, de Valle-Inclán.

Nos ocupamos de Dos Passos en nuestro artículo La Literatura y las guerras.

Estuvo en España —estudiando español— en La Residencia de Estudiantes y deambulando por los cafés madrileños, de los que era amo y señor por aquellas fechas Valle-Inclán. Conoció a éste y a Juan Ramón Jiménez, recién llegado de New York. Dos Passos y Valle-Inclán fueron protagonistas de la renovación estético-cultural de la literatura hecha hasta la fecha. En mis lecturas, llegué al conocimiento del norteamericano a través del gallego.

Otros libros de este autor son El paralelo 42, El gran dinero, La primera catástrofe, Años inolvidables,…

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Me agradaría leer opiniones sobre algunos extremos aquí reseñados.

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mardi 27 novembre 2007

+ LA CARTUJA DE PARMA

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Aquel día y los siguientes Clelia estuvo muy triste; le llamó varias veces, pero apenas tuvo valor para decirle unas pocas palabras. La mañana del quinto día después de la primera entrevista le anunció que iría aquella noche a la capilla de mármol.

-Sólo puedo decirle unas pocas palabras -le advirtió al entrar. Temblaba de tal modo que tenía necesidad de apoyarse en su doncella. La mandó luego a la entrada de la capilla y añadió con una voz apenas inteligible-: Me va a dar su palabra de honor de obedecer a la duquesa e intentar evadirse el día que le ordene y de la manera que le indique, o mañana por la mañana me refugio en un convento, y le juro que no volveré a dirigirle la palabra en mi vida.

Fabricio permaneció mudo.

-Prométamelo -añadió Clelia con lágrimas en los ojos y como fuera de sí- o ésta es la última vez que hablamos. La vida que por usted llevo es horrenda: está aquí por mí, y cada día puede ser el último de su existencia.

Clelia estaba tan débil que tuvo que buscar apoyo en un gran sillón llevado en otro tiempo a la capilla para uso del príncipe cautivo; estaba a punto de desmayarse.

-¿Qué hay que prometer? -dijo Fabricio con aire abrumado.
-Ya lo sabe.
-Juro, pues, precipitarme a sabiendas en un horrible infortunio y condenarme a vivir lejos de lo único que amo en el mundo.
-Prometa cosas precisas.
-Juro obedecer a la duquesa y huir el día que ella quiera y como ella quiera. ¿Y qué va a ser de mí lejos de usted?
-Jure escaparse pase lo que pase.
-¿Qué? ¿Está decidida a casarse con el marqués Crescenzi cuando ya no esté yo aquí?
-¡Oh Dios mío!, ¿qué corazón me atribuye?... Pero jure o mi alma no podrá gozar de paz ni un solo instante.
-¡Pues bien!: juro evadirme de aquí el día que la duquesa Sanseverina lo disponga y pase lo que pase de aquí a entonces.

Conseguido este juramento, Clelia se sintió tan débil que se vio forzada a retirarse después de dar gracias a Fabricio.

-Ya estaba todo dispuesto para mi huida mañana por la mañana, en caso de que usted se hubiera obstinado en quedarse. Le hubiera visto ahora por última vez en mi vida: había hecho este voto a la Madona. Ahora, en cuanto pueda salir de mi cuarto, iré a examinar la terrible muralla debajo de la piedra nueva de la balaustrada.

Al día siguiente Fabricio la vio tan pálida que le produjo una gran pena. Clelia le dijo desde la ventana de la pajarera:

-No nos hagamos ilusiones, querido amigo; como nuestra amistad está manchada de pecado, estoy segura de que nos perseguirá el infortunio. Le descubrirán cuando trate de huir y se perderá para siempre, si no es algo peor. De todos modos, hay que obedecer a la prudencia humana, que nos ordena intentarlo todo. Para bajar el muro de la torre grande necesita una cuerda fuerte de más de doscientos pies de larga. Por más que hago desde que conozco los planes de la duquesa, sólo he podido conseguir unas cuerdas que no miden juntas más de cincuenta pies. Por una orden del día del gobernador, hay que quemar todas las cuerdas que se ven en la fortaleza, y todas las noches se retiran las de los pozos que, por otra parte, son tan endebles que muchas veces se rompen al levantar su ligera carga. Pero ruegue a Dios que me perdone: traiciono a mi padre y me esfuerzo, hija desnaturalizada, en darle un disgusto mortal. Ruegue a Dios por mí, y, si su vida se salva, haga voto de consagrar todos los momentos de la misma a su gloria.



(La Cartuja de Parma, de Henri-Marie Beyle (Stendhal), Editorial Gredos, S.A.).

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Esta novela es, junto a Rojo y negro, la novela más importante de Stendhal.

Aunque esta obra está escrita en la época del Romanticismo, fue abordada por Stendhal de forma muy diferente al estilo de dicho movimiento literario.

Honorato de Balzac la consideró la novela más relevante de su época, señalando que en el libro brota lo sublime de capítulo en capítulo, llamándola El príncipe moderno, que escribiría Maquiavelo si viviera desterrado de Italia en el siglo XIX, destacando los retratos de personajes y asignándole a esta parte una extraordinaria solidez literaria, invitando a recrearse en los admirables detalles de la trama en la que el autor maneja cien personajes con una facilidad increíble, en la que no hay ni uno que no esté justificado.

André Gide —Premio Nobel de Literatura— señaló la obra como la novela francesa más grande de todos los tiempos.

Puede ser clasificada La Cartuja de Parma (1839) dentro de lo que Balzac denominó Literatura de las Ideas (rapidez, movimiento, concisión, choques, acción, drama, no discusión, alejada de las abstracciones), en contraposición a Literatura de las Imágenes (extensos espectáculos de la naturaleza, grandes imágenes, lirismo, epopeya,…, a la que podría adscribirse a Víctor Hugo).

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¿Consideráis La Cartuja de Parma una gran novela?

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jeudi 22 novembre 2007

+ CARTA ABIERTA A FERNANDO GARCÍA PAÑEDA

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He terminado de leer su novela Las lágrimas de Eurídice (Áurea Ediciones, Barcelona, 2007).

Algo que no quiero dejarme en el tintero es que, de entrada, le reconozco un gran mérito a la persona que se atreve a escribir una novela, a dar forma a una narración.

Hay varios extremos que me han llamado la atención. Empecemos por hablar de la trama y del tiempo y el espacio de la narración. Si quería escribir una novela de aventuras, enmarcada en el TIEMPO de la tercera guerra carlista, que aparece como trasfondo en la narración, lo ha conseguido. El que quiera profundidad histórica que la busque en los tratados de historia. Me ha sorprendido el amplio conocimiento que despliega del ESPACIO geográfico. Se advierte que es un buen conocedor de su tierra y un gran amante de ella. Con decirle, sinceramente, ¡eh!, que me han entrado ganas de no quedarme sin visitar el País Vasco algún día, se lo digo todo. En cuanto a la trama tengo que decir que está expuesta al lector en dosis fragmentadas, en subcapítulos dentro de los capítulos, algo así como la escritura fragmentaria de que hemos hablado en Narrador, lo cual facilita la lectura.

No quiero dejarme atrás a los personajes de su novela: Martín, Pello, Corito-Eurídice,…, que me parecen muy bien conseguidos, estupendamente perfilados.

Respecto del vocabulario quiero decirle que es grato leer frases en euskera, francés, latín,… No abundan, pero dejan una impronta de la cultura del autor en la narración. Me he sorprendido con vocablos no utilizados hoy, pero quizás sí en la época —siglo XIX—: graveza, comblezo, etc. Y con las palabras inventadas (todos los que escribimos nos inventamos alguna): Metamorfóseos, que no admite significado alguno en el diccionario de la RAE, pero intuimos qué significa dada su indudable etimología griega. Hace unos días escribí ‘simbiotizado’, que no acepta tampoco la RAE, pero cuyo significado imaginamos también.

García Márquez se quejaba de que exista ‘condolencia’ y no se admita ‘condoliente’, palabra que resulta bella y que en los 22 países que hablamos el mismo idioma se intuye claramente su significado.

Hay algo que me ha encantado de manera muy especial y ha sido el conocimiento profundo que ha desplegado de la mar —digo la mar, con nombre de mujer—, de la navegación y de los marinos. Resulta asombroso. Un vocabulario preciso, amplio y muy profesional. Deduzco que, aparte de su profesión habitual, algo debe tener de ‘marinero’. ¿Ejerce alguna actividad en el mar? Si no, es el que mar le atrae tanto como a algún ilustre paisano suyo (Pío Baroja, para mí don Pío). Sabe que escribió su trilogía del mar y nos dejó bien claro la clase amor que le profesaba.

La presentación de la novela, muy buena. Excelente ilustración de portada y papel de buena calidad en su interior. El título de la obra, acorde con el contenido, ya anticipa algo cercano al mito de la ninfa griega. No me ha gustado que la editorial encuadre su novela dentro de la colección histórica, ya que no es una novela estrictamente histórica, pero al ser, supongo, una editorial modesta…

Algo en la solapa interior referido a su persona me ha dejado intrigado: Colaborador del semanario Shalom de Estambul, con artículos en judeo-español. ¿Sí? Jolín, eso suena interesante.

Ya le dije que no podría constreñir mis impresiones en una sola frase acertadísima equivalente a la del académico, en algo así como: ‘He disfrutado más que un guarro —creo que dijo gorrino— en un charco’, expresión popular mencionada a veces por el Sur. Lo digo por lo de ‘guarro’ primordialmente. En mi caso, he preferido decirle lo que he visto en su novela por medio de esta carta.

Si estuviera en su lugar, haber escrito una novela como la que estamos comentando, me serviría de estímulo para abordar otras empresas narrativas de futuro.

Saludos cordiales.

lundi 19 novembre 2007

+ ¿SON NECESARIAS REGLAS PARA LA NUEVA NOVELA ?

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En el número de Babelia-El País del 17-11-2007 he leído un artículo de debate con el título de ‘Reglas para la supervivencia de la novela’, cuyo autor es Vicente Verdú, en el que entre otras cosas se destaca que los premios Herralde (Editorial Anagrama), dotados con € 18.000, correspondientes a los últimos cinco años, parecen indicar que la novela en nuestro país deberá seguir otros derroteros al margen de los tradicionales y conocidos pues al parecer la escrita con estos moldes ‘no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema’.

Lo que quiero señalar es que esos cinco premios de que se habla, a cuyos autores o novelas no se mencionan —ésa es la periferia—, son los siguientes:

2007 - ‘Ciencias morales’, del argentino Martín Cohan.
2006 – ‘La enfermedad’, del venezolano Alberto Barrera.
2005 – ‘La hora azul’, del peruano Alfonso Cueto.
2004 – ‘El testigo’, del mexicano Juan Villoro.
2003 – ‘El pasado’, del argentino Alan Pauls.

En este año 2003 fue finalista la novela ‘Una vez Argentina’, del también argentino Andrés Neuman, de la que Narrador.es hizo una crítica o comentario.

Es interesante hacer unas reflexiones sobre el artículo reseñado porque parece evidentemente que algo está pasando en la novelística española de nuestros días.

¿Renovarse o morir? —me pregunto. Trataré de contestar a la pregunta:

Ya en el año 2001 Vicente Verdú escribió un artículo que resultó muy polémico, que no sé si recordáis, titulado ¿Vivir o leer novelas?

O sea, que el Sr. Verdú ha seguido dando palos al mismo burro y ahora más con sus ‘Reglas para la supervivencia de la novela’. Al parecer él tiene la fórmula. Pues que nos oriente escribiendo una novela en la que se lea toda la magia que invoca en ‘sus reglas’.

¿Renovarse? Siempre he sido partidario de ello, nada que objetar, pero esto ha venido haciéndose desde siempre. Siempre ha habido escritores que han experimentado ajustándose a su época —incluidos todos los ‘ismos’ que en el mundo han sido—, unos con más éxito que otros, y lo que ha calado en la gente ha permanecido.

Un novelista, un cuentista, un guionista cinematográfico, hacen en definitiva lo mismo: contar una historia, NARRAR, y cada uno puede utilizar técnicas diferentes. El lector/espectador escoge. Hablando de esto me acuerdo muy a menudo de la novela ‘Ladrones de bicicletas’, del pintor y escritor Luigi Bartolini, que fue llevada magistralmente al cine por Vittorio de Sica con el nombre de ‘El ladrón de bicicletas’. La película se explicaba con imágenes lógicamente, pero tanto en la novela como en la película ‘la bicicleta’ era un símbolo que representaba la pobreza, la esperanza, el temor y el miedo desesperado del protagonista. Esta fórmula de narrar, contar, en torno a un objeto visual como el hilo conductor de la historia, sigue siendo válida.

El Sr. Verdú escribe en un periódico, en el suplemento cultural, y sabe muy bien proponer temas que provocan el debate entre lectores. Muchos de ellos aficionados a la lectura o que escriben asimismo.

Ensayos o propuestas los ha habido siempre. Así, a bote pronto, recuerdo la gran novela rusa (por su extensión y su densidad), la que se llamó ‘nueva novela hispanoamericana’, bajo la denominación de realismo mágico (o fantástico, o maravilloso), la literatura fragmentaria americana (Dos Passos, Sam Shepard,…), la francesa del grupo Ou.Li.Po. (Georges Perec, Raymond Queneau, etc.),…

Seguirá la evolución o renovación, pero ¡tranquilos!, llegará poco a poco. ‘Generación Nocilla’ es hasta ahora un intento al parecer. Veamos qué sale de ahí. Pero encorsetar a los escritores dentro de 10 reglas (como los diez mandamientos de la Ley de Dios), entiendo que es ’demasié’, Sr. Verdú. Deje a la narrativa evolucionar por sí misma.

No sé qué opinan ustedes, lectores.

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+ PADRES E HIJOS

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Han pasado seis meses. Y ha llegado el blanco invierno, con el silencio despiadado de sus heladas sin nubes, su densa nieve crujiente, la rosada escarcha en los árboles, su cielo de pálida esmeralda, sus penachos de humo sobre las chimeneas, sus columnas de vapor saliendo de las puertas entreabiertas, los rostros de la gente mordidos por el frío y el trotar de los caballos ateridos.

El día de enero tocaba a su fin; el frío vespertino oprimía todavía con más fuerza el aire inmóvil y se extinguía el sangriento resplandor de la aurora. En las ventanas de la casa de Marino se encendieron todas las luces. Prokofich, ataviado con frac negro y guantes blancos, ponía la mesa para siete personas, con especial solemnidad. Una semana antes, en la pequeña iglesia parroquial, sin ostentación y casi sin testigos, se habían celebrado las bodas de Arkadi con Katia y Nikolai Petróvich con Fiénichka. Aquel mismo día Nikolai Petróvich daba un almuerzo de despedida en honor de su hermano, que salía para Moscú en viaje de negocios. Anna Serguiéievna partió también para Moscú inmediatamente después de la boda de su hermana, habiendo hecho espléndidos regalos a los recién casados.

A las tres en punto todos se sentaron a la mesa, incluido Mitia, que ya tenía una nodriza, con su cofia de glasé. Pável Petróvich se sentó entre Katia y Fiénichka. Los maridos se colócaron junto a sus respectivas esposas. Todos habían cambiado en el último tiempo. Diríase que parecían más agraciados y vigorosos. Sólo Pável Petróvich estaba más delgado, lo cual, no obstante, le hacía más elegante y daba un aspecto de grand seigneur a sus expresivos rasgos ... También Fiénichka había cambiado. Con su nuevo vestido de seda, una amplia toca de terciopelo y su cadenita de oro al cuello permanecía decorosamente inmóvil, con una actitud digna ante sí misma y ante todo cuanto la rodeaba y sonriendo como si quisiera decir: Perdónenme, yo no tengo la culpa. Igualmente sonreían los demás y también parecían pedir disculpas. Todos se sentían un poco cohibidos, algo tristes, aunque muy satisfechos en el fondo. Cada uno escuchaba al otro con cómica cortesía, como si todos se hubiesen puesto de acuerdo en representar una simple comedia. Katia miraba confiadamente a su alrededor y parecía la más serena de todos. Era evidente que Nikolai Petróvich la quería ya con delirio. Antes de terminar el almuerzo éste se levantó, alzó su copa y exclamó dirigiéndose a su hermano:

- Nos abandonas ..., nos abandonas, querido hermano, claro que por poco tiempo; pero no obstante no puedo dejar de expresarte que yo ..., que nosotros ..., cuánto yo ..., como nosotros ... ¡Lo malo es que no sabemos pronunciar un brindis! Arkadi, hazlo tú.
- No, papasha (1), yo no me he preparado.
- Pues ¿y yo? En una palabra, hermano, deja que te abrace simplemente y te desee toda clase de venturas y que vuelvas con nosotros cuanto antes.

Pável Petróvich besó a todos, sin exceptuar a Mitia; besó además la mano de Piénichka, que ésta aún no sabía ofrecer como es debido, bebió por segunda vez de su copa y exclamó suspirando profundamente: ¡Sed felices, amigos míos! Farewell! Aunque aquella coletilla en inglés pasó inadvertida, todos se sintieron emocionados.

A la memoria de Basárov, murmuró Katia al oído de su marido brindando con él. Arkadi estrechó con fuerza la mano de su esposa, en señal de respuesta, pero no se atrevió a proponer el brindis en voz alta.

Parece que es el fin. Pero tal vez alguno de nuestros lectores desee saber qué está haciendo ahora, precisamente ahora, cada uno de nuestros personajes ... Estamos dispuestos a satisfacerle.

(1) Diminutivo de papá.



(Padres e hijos, Ivan Turgueniev, El Cobre Ediciones, Barcelona, 2003).

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Ivan Turgueniev está considerado el más europeísta de los grandes narradores rusos, estuvo comprometido éticamente y tropezó con algunos problemas en su país. Murió cerca de París.

Se anticipó en esta novela al movimiento revolucionario ruso, pero lo que realmente perdura de ella es la visión aguda con que nos narra las relaciones de padres e hijos, las audacias renovadoras de éstos y el inmovilismo y miedos de los mayores, en definitiva, la lucha generacional.

Otras novelas del maestro ruso son: Nido de nobles, En las vísperas, Tierra virgen,... Escribió también narraciones cortas y dramas.

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¿Conocéis la narrativa vigorosa de Turgueniev?
¿Cuál de los maestros rusos (Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Turgueniev,...) os gusta más?
Esperamos comentarios.

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dimanche 18 novembre 2007

+ EL RETRATO DE DORIAN GRAY

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Prefacio

El artista es creador de belleza.
Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.
El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza. La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía.
Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza.
Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas sólo significan belleza.
No existen libros morales o inmorales.
Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.



Capítulo I

El intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando la ligera brisa agitaba los árboles del jardín, entraba, por la puerta abierta, un intenso olor a lilas o el aroma más delicado de las flores rosadas de los espinos.
Lord Henry Wotton, que había consumido ya, según su costumbre, innumerables cigarrillos, vislumbraba, desde el extremo del sofá donde estaba tumbado -tapizado al estilo de las alfombras persas-, el resplandor de las floraciones de un codeso, de dulzura y color de miel, cuyas ramas estremecidas apenas parecían capaces de soportar el peso de una belleza tan deslumbrante como la suya; y, de cuando en cuando, las sombras fantásticas de pájaros en vuelo se deslizaban sobre las largas cortinas de seda india colgadas delante de las inmensas ventanas, produciendo algo así como un efecto japonés, lo que le hacía pensar en los pintores de Tokyo, de rostros tan pálidos como el jade, que, por medio de un arte necesariamente inmóvil, tratan de transmitir la sensación de velocidad y de movimiento. El zumbido obstinado de las abejas, abriéndose camino entre el alto césped sin segar, o dando vueltas con monótona insistencia en torno a los polvorientos cuernos dorados de las desordenadas madreselvas, parecían hacer más opresiva la quietud, mientras los ruidos confusos de Londres eran como las notas graves de un órgano lejano.
En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retrato de cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuya repentina desaparición, hace algunos años, tanto conmoviera a la sociedad y diera origen a tan extrañas suposiciones.
Al contemplar la figura apuesta y elegante que con tanta habilidad había reflejado gracias a su arte, una sonrisa de satisfacción, que quizá hubiera podido prolongarse, iluminó su rostro. Pero el artista se incorporó bruscamente y, cerrando los ojos, se cubrió los párpados con los dedos, como si tratara de aprisionar en su cerebro algún extraño sueño del que temiese despertar.

(El retrato de Dorian Gray, Óscar Wilde, Ediciones DEBOLSILLO).

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Ésta fue la única novela que escribió Óscar Wilde. Como se sabe, la trama de la novela gira en torno a un retrato pintado por un amigo para Dorian. A partir de ese instante, será el retrato quien envejezca en tanto que Dorian parece no avejentar. El retrato recoge todas las secuelas del alma del retratado.

De la obra global de Wilde hablamos en Literatura y gais y lesbianas, por lo que nos ahorramos cualquier comentario adicional.

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¿Qué consideración os merece esta novela de Óscar Wilde?
A vuestro juicio, la figura de Wilde, ¿ha estado devaluada durante demasiado tiempo o su obra no merecía realmente otra cosa?
Al día de hoy, ¿se le ha reconocido algún mérito literario? ¿Y es esto justo?

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+ LA CASA DE LAS BELLAS DURMIENTES

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No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada parecido.
Había esta habitación, de unos cuatro metros cuadrados, y la habitación contigua, pero al parecer no había más habitaciones en el piso superior; y como la planta baja resultaba demasiado reducida para alojar huéspedes, el lugar apenas podía llamarse una posada. Probablemente porque su secreto no lo permitía, el portal no ostentaba ningún letrero. Todo era silencio. Tras serle franqueado el portal cerrado con llave, el viejo Eguchi sólo había visto a la mujer con quien ahora estaba hablando. Era su primera visita. Ignoraba si se trataba de la propietaria o de una criada. Era mejor no hacer preguntas.

Eguchi estaba un poco sorprendido. ¿Cuándo había entrado la muchacha en la habitación contigua? ¿Desde cuándo estaría dormida? ¿Acaso la mujer había abierto la puerta para asegurarse de que estaba dormida? Eguchi sabía por un viejo conocido que frecuentaba el lugar que habría una muchacha esperando, dormida, y que no se despertaría; pero ahora que se encontraba aquí parecía incapaz de creerlo.
–¿Dónde quiere desnudarse? –La mujer parecía dispuesta a ayudarle. Él guardó silencio–. Escuche las olas. Y el viento.
–¿Olas?
–Buenas noches –la mujer le dejó.
Una vez solo, Eguchi contempló la habitación, desnuda y sin artilugios. Su mirada se posó en la puerta de la habitación contigua. Era de cedro, de un metro de anchura. Parecía haber sido añadida después de la construcción de la casa. También la pared, si se examinaba bien, parecía un antiguo tabique corredizo, ahora tapado para formar la cámara secreta de las bellas durmientes. El color era igual que el de las otras paredes, pero parecía más reciente.
Eguchi cogió la llave. Después de hacerlo, debería haberse dirigido a la otra habitación; pero permaneció sentado. Lo que había dicho la mujer era cierto: las olas sonaban con violencia. Era como si rompieran contra un alto acantilado, y como si la pequeña casa estuviera en el mismo borde. El viento traía el sonido del invierno inminente, tal vez debido a la casa misma, tal vez debido a algo que había en el viejo Eguchi. No obstante, el calor del único brasero resultaba suficiente. El distrito era cálido. El viento no parecía barrer las hojas. Al haber llegado tarde, Eguchi no había visto en qué clase de paisaje se asentaba la casa; pero se notaba el olor del mar. El jardín era grande en relación con el tamaño de la casa, y contenía un número considerable de grandes pinos y arces. Las agujas de los pinos se perfilaban con fuerza contra el cielo. Probablemente la casa había sido una villa campestre.
Con la llave todavía en la mano, Eguchi encendió un cigarrillo. Dio una o dos chupadas y lo apagó; pero fumó otro hasta el final. No era tanto porque se estuviera ridiculizando a sí mismo por su ligera aprensión como por el hecho de sentir un vacío desagradable. Solía tomar un poco de whisky antes de acostarse. Tenía un sueño precario, con tendencia a las pesadillas.


(La casa de las bellas durmientes, Yasunari Kawabata, Noguer y Caralt Editores).

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Kawabata (1899-1972), escritor japonés, fue Premio Nobel de Literatura en 1968. Huérfano a los tres años, con una infancia solitaria que marcó profundamente su personalidad, insomne perpetuo, lector voraz, fue un solitario empedernido y finalmente se suicidó.
La soledad, la angustia ante la muerte, la búsqueda de la verdad y la atracción por la sicología femenina fueron los temas centrales de sus obras. Su prosa ha sido destacada por su delicadeza y su refinado lirismo.
Otras obras suyas son: La bailarina de Izu, El país de nieve, El Maestro de Go, Lo bello y lo triste,…

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-¿Creen que la novela La casa de las bellas durmientes de Kawabata puede ser una metáfora de la vejez, el amor y la muerte?
-¿Encuentran alguna similitud entre la novela de Kawabata, publicada en 1961, y Memoria de mis putas tristes (2004), de García Márquez?

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