mardi 23 octobre 2007

+ ELOGIO DE LA MADRASTRA

***

El cumpleaños de doña Lucrecia

El día que cumplió cuarenta años, doña Lucrecia encontró sobre su almohada una misiva de trazo infantil, caligrafiada con mucho cariño:

«¡Feliz cumpleaños, madrastra!
»No tengo plata para regalarte nada pero estudiaré mucho, me sacaré el primer puesto y ése será mi regalo. Eres la más buena y la más linda y yo me sueño todas las noches contigo.
»¡Feliz cumpleaños otra vez!»
Alfonso»


Era medianoche pasada y don Rigoberto estaba en el cuarto de baño entregado a sus abluciones de antes de dormir, que eran complicadas y lentas. (Después de la pintura erótica, la limpieza corporal era su pasatiempo favorito; la espiritual no lo desasosegaba tanto.) Emocionada con la carta del niño, doña Lucrecia sintió el impulso irresistible de ir a verlo, de agradecérsela. Esas líneas eran su aceptación en la familia, en verdad. ¿Estaría despierto? ¡Qué importaba! Si no, lo besaría en la frente con mucho cuidado para no recordarlo.

Mientras bajaba las escaleras alfombradas de la mansión a oscuras, rumbo a la alcoba de Alfonso, iba pensando: «Me lo he ganado, ya me quiere». Y sus viejos temores sobre el niño comenzaron a evaporarse como una leve niebla corroída por el sol del verano limeño. Había olvidado echarse encima la bata, iba desnuda bajo el ligero camisón de dormir de seda negra y sus formas blancas, ubérrimas, duras todavía, parecían flotar en la penumbra entrecortada por los reflejos de la calle. Llevaba sueltos los largos cabellos y aún no se había quitado los pendientes, anillos y collares de la fiesta.

En el cuarto del niño –¡cierto, Foncho leía siempre hasta tardísimo!– había luz. Doña Lucrecia tocó con los nudillos y entró: « ¡Alfonsito! ». En el cono amarillento que irradiaba la lamparilla del velador, de detrás de un libro de Alejandro Dumas, asomó, asustada, una carita de Niño Jesús. Los bucles dorados revueltos, la boca entreabierta por la sorpresa mostrando la doble hilera de blanquísimos dientes, los grandes ojos azules desorbitados tratando de rescatarla de la sombra del umbral. Doña Lucrecia permanecía inmóvil, observándolo con ternura. ¡Qué bonito niño! Un ángel de nacimiento, uno de esos pajes de los grabados galantes que su marido escondía bajo cuatro llaves.

—¿Eres tú, madrastra?
–Qué cartita más linda me escribiste, Foncho. Es el mejor regalo de cumpleaños que me han hecho nunca, te juro.

El niño había brincado y estaba ya de pie sobre la cama. Le sonreía, con los brazos abiertos. Mientras avanzaba hacia él, risueña también, doña Lucrecia sorprendió – ¿adivinó?– en los ojos de su hijastro una mirada que pasaba de la alegría al desconcierto y se fijaba, atónita, en su busto. «Dios mío, pero si estás casi desnuda», pensó. «Cómo te olvidaste de la bata, tonta. Qué espectáculo para el pobre chico».

¿Había, tomado más copas de lo debido?



(Elogio de la madrastra, Mario Vargas Llosa, Editorial Tusquets).

***

2 commentaires:

hombredebarro a dit…

Antonio, gracias por las instrucciones y perdona mi torpeza que he ido aligerando en estos menesteres a lo largo de los últimos días. No sabes hasta qué punto me dominan ciertos bloqueos. Resultaría cómico si no fuese porque entraña cierto grado de patetismo. Pero en fin, arreglado por fin. Tus entradas con fragmentos de libros componen una sabrosa antología. Por otro lado, es lo que debe hacer cualquier escritor, escribir punto por punto y palabra por palabra lo que ya han escrito otros escritores.
Todos deberíamos hacerlo como ejercicio. En tu caso sé que tu honorabilidad no te permite atribuirte ninguna de esas piezas. En el mío, no lo descarto en el futuro. Un saludo.

ANTONIO a dit…

Gracias, Antonio.
Tilín, tolón. Me alegra leer comentarios tuyos por aquí.
Si pinchas en 'Ver todo mi perfil', se te abre una ventana, al final de la cual te sorprenderá encontrarte de nuevo con mis vanos intentos de convertirme en un mediano narrador de historias y otros inventos, éstos personales (no son artículos, ni críticas, ni fragmentos ajenos, muy loables éstos -creo- en mi faceta de lector empedernido).
Es un nuevo blog que he denominado 'Barquitos de papel' (por aquello de que quizás sea sólo papel mojado). Hay historias viejas y nuevas.
Me congratula verte por estos andurriales.
Un abrazo,