samedi 23 juin 2007

+ LITERATURA Y PERIODISMO

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Numerosos novelistas y cuentistas iniciaron su singladura literaria como escritores desde el periodismo y a partir de esa plataforma alcanzaron reconocimiento universal. Me vienen a la memoria los nombres de Hemingway, dos Passos, Steinbeck, Defoe, Wolfe, Green, Orwell, Goytisolo, García Márquez, Vargas Llosa, etc.

Realizar un estudio o ensayo sobre Literatura y Periodismo nos llevaría a distinguir entre periodismo informativo, cuya misión es exclusivamente informar; periodismo literario, cuya finalidad es orientar y elaborar páginas de opinión y de colaboradores; y literatura periodística, cuya meta última es deleitar, ofreciendo páginas con contenido claramente literario en diarios y revistas, en webs o blogs. De esta forma podemos disfrutar de artículos, editoriales, columnas, colaboraciones, críticas especializadas, etc.

Se dan rasgos diferenciales entre el escritor y el periodista puros. Lázaro Carreter nos ilustra acerca de ello al decir que al escritor le urgen unas necesidades inmediatas, mientras al periodista le acucian; el escritor se dirige a un receptor universal, en tanto que el periodista sabe a quién escribe, a qué público se dirige; el mensaje literario actúa sin limitaciones de tiempo y espacio, mientras el periodista disfruta de un espacio limitadísimo; el libro es susceptible de múltiples interpretaciones y el periódico, el periodista, es responsable de la interpretación inmediata de sus obras, que no pueden ser oscurantistas.

Hablemos de obras literarias, novelas que vieron la luz pública a raíz de reportajes periodísticos o que están escritas con la habilidad detectivesca de un periodista.

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Un caso claro, que conocerán muchos lectores, es Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, que antes de convertirse en novela fue publicado como relato por episodios en el periódico El Espectador, de Bogotá, en que trabajaba el autor. A partir de una serie de entrevistas del escritor colombiano, actuando entonces como reportero, al joven Luis Alejandro Velasco, concibió García Márquez la idea de escribir la novela.

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Para el periódico New York American escribió John Steinbeck, estadounidense, una serie de reportajes bajo el título de Los vagabundos de la cosecha, sobre la inmigración en California, que fue la base documental para su conocida novela posterior Las uvas de la ira. Fue Premio Nobel de Literatura.

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La figura del dictador ridiculizado, el mayor que ha tenido América latina, y los capitanes del ejército que le preparan una trampa que conduce a la muerte de todos están mostrados con la minuciosidad investigadora de un periodista y con la sabiduría narrativa de un gran maestro por Mario Vargas Llosa en La fiesta del chivo, que ambientada en República Dominicana tiene mucho de novela histórica.

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Ejerció como periodista, escribió para el Applebee’s Journal y posiblemente la novela que le hizo mundialmente famoso esté basada en un hecho real. Hablamos de Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Una obra suya que se lee como un relato de no ficción es Diario del año de la peste, sobre la gran plaga de Londres de 1665, publicada en 1722.

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Acreditado periodista estadounidense y dirigente obrero, John Silas Reed, trabajó para Metropolitan Magazine como corresponsal de guerra en la Revolución mexicana y sus artículos y reportajes tuvieron un gran éxito. Su obra más famosa es Diez días que estremecieron el mundo, un relato con detalles y reportajes de la revolución bolchevique, publicada en 1919. Escribió asimismo Rojos, basada en su vida y su obra y llevada al cine, dirigida, producida, escrita e interpretada por Warren Beatty.

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Cinco años de entrevistas a los diversos personajes del drama real que conmovió a la opinión pública estadounidense e internacional y de investigación profunda costó al estadounidense Truman Capote reunir la información precisa para escribir su más famosa obra, la novela A sangre fría. Escribió para la revista The New Yorker. Fue precursor del llamado periodismo de investigación.

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Las encantadas, de Herman Melville, una colección de diez relatos sobre las islas Galápagos, fueron escritos por encargo para ser editados en la revista norteamericana Putnam’s Monthly Magazine, de New York, once años después de ocurridos los hechos vividos personalmente por Melville, autor como se sabe de Moby Dick y Bartleby, el escribiente, entre otras obras.

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Hemingway y dos Passos ejercieron de corresponsales de guerra durante la guerra civil española y fueron grandes amigos. Colaboraron separadamente con numerosos trabajos literarios en diferentes periódicos y revistas de su época antes y después de ser reconocidos como grandes escritores. De Hemingway ya hemos hablado en el artículo La Literatura y La montaña , en el apartado titulado ‘Ernest Hemingway y el Kilimanjaro’.

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John dos Passos se dio a conocer internacionalmente con su novela Manhattan Transfer, un mosaico de episodios que retratan la vida de New York. Un libro interesante de este autor es Años inolvidables, que es un relato de la amistad entre él y Hemingway, ambos viajeros y aventureros empedernidos.

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Como puede comprobarse, la literatura de grandes autores dio sus primeros pasos de la mano del periodismo. Podríamos continuar citando más casos, pero lo dejamos aquí por hoy.

Existen premios al periodismo para distinguir los trabajos más sobresalientes del año en este campo: Premio Pulitzer, de reconocido prestigio; Premio ‘Salvador de Madariaga’, de nivel europeo; Premio Internacional de Periodismo Rey de España, de ámbito internacional; Premio Mariano de Cavia y Premio Luca de Tena, de los más antiguos en España; etc.

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+ LITERATURA Y SUICIDIO

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Debe ser casualidad con seguridad, pero he observado hace tiempo que algunos escritores que me han gustado siempre, han dado fin a sus vidas de forma dramática: suicidándose.

Hablo de Horacio Quiroga, Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Cesare Pavese, Thomas Mann,… De otros que me ha agradado leer su obra, lo intentaron en repetidas ocasiones, sin conseguirlo, como Guy de Maupassant. De algunos más recuerdo algún detalle de su vida literaria, siendo uno de los casos el de Mariano José de Larra por su famoso artículo Vuelva usted mañana, que se suicidó asimismo.

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Horacio Quiroga ha sido un maestro consumado del cuento moderno. Nacido en Uruguay, vivió buena parte de su vida en Argentina, confinado en la selva. El drama fue una constante en su vida. Drama en forma de suicidio, que afectó a su padre, a su padrastro, a su amigo Federico, a su esposa Ana María, a él mismo, a su otro amigo, Leopoldo Lugones (poeta y también cuentista como Quiroga), a su hija mayor Eglé y, finalmente, a su hijo Darío. No tengo conocimiento de ningún caso similar en el mundo literario, salvo el de Hemingway, que comentaremos más adelante.

Cuando Horacio contaba tres meses de edad su padre moría de un disparo accidental de escopeta al bajar de una embarcación.

Su madre volvió a casarse y su padrastro, al que aceptó Horacio de buena gana, sufrió un derrame cerebral, se quedó sin habla y en su desesperación se suicidó disparándose en la frente con una pistola. Horacio tenía 5 años.

Al revisar el revólver de su amigo Federico Fernando, que iba a batirse en duelo, a Horacio se le escapó un tiro que impactó en la boca de su amigo, muriendo éste instantáneamente.

Su esposa Ana María, no adaptada a la vida en la selva que llevaba el matrimonio, pidió a su esposo Horacio regresar a Buenos Aires, si no con él, al menos sola. Ante la cerrada negativa del escritor a ambas posibilidades, Ana María, depresiva, se suicidó con veneno, falleciendo tras ocho días de espantosa agonía.

En una etapa de su vida, Horacio es diagnosticado de cáncer de próstata en estado avanzado e incurable. Corre el año 1937 y ante tal situación bebe un vaso de cianuro que lo mata en pocos minutos entre espantosos dolores.

Su amigo Leopoldo Lugones se suicida un año después bebiendo un vaso de güisqui con cianuro.

Por las mismas fechas, Eglé Quiroga, hija mayor de Horacio, se suicidó también.

Y en 1951, hace lo mismo su hijo Darío en un arranque de desesperación.

Se queda uno sin palabras, realmente impresionado, mudo, escribiendo este pequeño, pero terrible bosquejo de la vida de un escritor, cuentista perfecto para mí, al que admiro desde hace tiempo.

Fue un lector obsesivo de Poe y Maupassant. Se sintió extrañamente atraído por temas teñidos de horror, enfermedad y sufrimiento (Cuentos de amor, locura y muerte).

Sufrió la influencia de Kipling, en Cuentos de la selva.

Es muy conocido para los amantes del cuento su Decálogo del perfecto cuentista.

Prosa sencilla y clara, con pocos adjetivos, son algunas de sus notas características.

Cuando le leí por vez primera me gustó A la deriva, por la maestría con que está escrito el cuento. Me sorprendió por su ternura el relato La tortuga gigante.

Tiene muchos cuentos de calidad además de éstos y parece que cobra actualidad después de haber estado, en mi opinión, injustamente olvidado muchos años.

¿Pudo estar la muerte por suicidio de Horacio Quiroga influenciada por la de su padre, padrastro, madre, amigos? ¿Pudo deberse a la naturaleza de los extraños temas que le obsesionaban para sus cuentos y relatos? ¿Se debió acaso al influjo de la lectura de textos de Poe (depresivo, alcohólico, que sufría de alucinaciones, desvaríos y que se vio afectado probablemente de delirium tremens, aunque se duda de la causa cierta de su muerte al día de hoy, pudiendo haber sido por diabetes, deficiencias enzimáticas e incluso rabia)? ¿O a la de Maupassant (con tres intentos de suicidio fallidos)?

Todas son preguntas de difícil respuesta para mí, pero que no he dejado de hacerme en determinadas ocasiones.

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Virginia Woolf, británica. Creció en un ambiente literario, artístico e intelectual. De joven era una devoradora de libros. Tenía una imaginación extraordinaria y era psíquicamente inestable. Tras la muerte de su padre, en 1904, por cáncer, pasó por un intento de suicidio por ingestión de somníferos.

Fundó con su marido una empresa editorial que publicó su propia obra y la de otros escritores (entre ellos: Katherine Mansfield, T. S. Elliot, Sigmund Freud).

Sufrió durante su vida una enfermedad hoy catalogada como trastorno bipolar de personalidad, que la llevó al suicido en 1941. Se lanzó al río Ouse, en Rodemell, con varios montones de piedras en los bolsillos. Ese mismo día, había dejado una nota a su marido que, en parte, decía: “Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor”. Había desaparecido de su domicilio el día anterior.

Siempre me he preguntado qué clase de frialdad de ánimo, de arrojo, de valentía, hay que tener para actuar de esta forma para quitarse la vida, llenándote de piedras los bolsillos… Si no fuera una vida humana lo que había de por medio me parecería hasta romántico…

Las primeras obras que atrajeron el interés de los críticos por su originalidad literaria fueron La señora Dalloway y Al faro. Fue una escritora vanguardista. Escribió también ensayos de crítica literaria y social. Todas sus novelas eran para ella causa de ansiedad y depresión.

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Ernest Hemingway, estadounidense. Premio Nobel de Literatura en 1954. En 1953 obtuvo el Pulitzer. Periodista y corresponsal de guerra en España de 1936-1939. Vivió temporadas en España, Francia y Cuba.

Buscó en su vida la violencia y la acción. Era un gran bebedor. Tuvo una gran influencia entre los escritores de su generación y posteriores y fue muy imitado. Su padre, médico de profesión, se suicidó a causa de una enfermedad incurable. El suicidio perseguiría a esta familia durante años, pues en el transcurso de los años por venir siguieron la misma suerte su hermana Úrsula, su hermano Leicester, su hijo Gregory y su nieta Margaux.

Hemingway destaca que su talento fue obra de una paciencia tenaz y de gran disciplina, a pesar de su innata indisciplina. Sus obras fueron escritas varias veces, corregidas una y otra vez, con supresión de todo lo superfluo, hasta conseguir ese estilo suyo tan característico e imitado. Su prosa resalta por la sucesión de una serie de frases breves. Aconsejaba evitar el uso de adjetivos. Decía que un escritor, si vale para algo, no describe, inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

Era un gran aficionado a la caza, la pesca y las corridas de toros, temas que recoge y trata en sus novelas. Sus obras más conocidas son Las nieves del Kilimanjaro, El viejo y el mar, Por quién doblan las campanas, París era una fiesta, Adiós a las ramas, Fiesta, Muerte en la tarde, etc. Algunas de sus novelas fueron llevadas al cine.

Además de novelista fue escritor de relatos breves o cuentos. Me gustó especialmente cuando lo leí su cuento Los asesinos, por la forma perfecta de relatar, por los diálogos, que despiertan en el lector interés y tensión como para tenerle sentado leyendo hasta el final. Es una historia con suspense, corta, pero intensa.

Se suicidó en 1961 disparándose un tiro de escopeta.

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Cesare Pavese. Italiano. Pensador, escritor, traductor y crítico. Tradujo desde clásicos de toda la vida (como Moby Dick, de Melville) hasta Dos Passos, Faulkner, Defoe, Joyce y Dickens. Comulgaba con ideas izquierdistas, aunque antes de eso militó en el fascismo. Propuso a la cultura italiana escritos sobre temas diferentes, y raramente abordados anteriormente, como el idealismo y el marxismo, y temas religiosos, etnológicos y sicológicos.

Durante toda su corta vida —42 años— trató de luchar contra la soledad interior, que entendía como una condena y una vocación. Un malestar existencial envolvió siempre su vida. La muerte de su padre le causa su primer trauma, teniendo él 6 años de edad, y su madre le educa de manera rígida. Se interesó por la literatura norteamericana. Se licenció en la universidad con una tesis sobre Walt Whitman.

Su segundo trauma lo sufre al ver que la mujer a la que amaba se había casado tras volver el escritor de su confinamiento por actividades antifascistas. La angustiosa sensación de fracaso, unida a problemas al parecer en el plano sexual, lo acompañará hasta la muerte. Se le dispensa de su incorporación al ejército por el asma que padece.

Su malestar existencial lo lleva al suicidio en Turín en 1950.

Su primera obra narrativa válida es La cárcel (cárcel de la soledad). Tus pueblos llama la atención de la crítica, que interpreta la obra como una manifestación de realismo. Escribió también La luna y la fogata, El compañero, La casa de la colina. Nos dejó asimismo obras poéticas como Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

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Thomas Mann. Escritor alemán. Fue Premio Nobel de Literatura. Ha sido uno de los novelistas más importantes del siglo XX.

Entre sus novelas más conocidas figuran La montaña mágica y Muerte en Venecia.

La mayor parte de su obra está escrita en alemán, aunque escribió también en inglés y francés. La declaración de amor en francés que hace Hans Castorp a Claudia, en La montaña mágica, es a mi juicio la más grande declaración de amor de la literatura universal.

Defensor inicialmente del nacionalsocialismo alemán, se convirtió finalmente en un fervoroso antifascista. Trabajó como reportero durante la guerra civil española.

La preocupación por la pérdida de los valores morales fue una constante en muchos momentos de su vida y su actitud pesimista ante los acontecimientos políticos de su época, el miedo a la guerra, la dificultad de escribir en otro país (EE.UU.) y en otro idioma que no era el suyo, el cansancio por seguir luchando, le llevaron en mayo de 1948 a un intento de suicido al abusar de la toma de barbitúricos. El deseo de muerte fue frecuente en la familia Mann.

En mayo de 1949 tomó una sobredosis de somníferos y falleció tras estar veinticuatro horas inconsciente.

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En muchos pueblos paganos el suicidio estaba considerado un acto honorable y respetable. El filósofo griego Empédocles se suicidó saltando dentro del cráter del volcán Etna; Séneca lo hizo abriéndose las venas; el general tras la pérdida de la batalla se dejaba caer sobre la espada; en el siglo XX el samurai japonés se hace el haraquiri como penitencia por un acto imperfecto; hasta hace poco se consideraba un honor que el capitán se hundiese con el barco.

En los escritores, personas pertenecientes al mundo de la cultura, normalmente inteligentes, ¿puede influir inconscientemente esta tradición secular del suicidio, que se remonta al pasado remoto, cuando se presentan dificultades vitales?

Según los psiquiatras los factores de riesgo para el suicidio son: trastornos del estado anímico (depresión, psicosis maníaca, quejas afectivas, etc.); alcoholismo y sustancias opiáceas y cocaína, en menor grado; esquizofrenia (percepción desorganizada y alterada de la realidad: se oyen voces no reales que conducen al suicidio); trastornos de la personalidad (se produce una disminución del coeficiente intelectual); síndromes mentales orgánicos (demencia y enfermedad de Parkinson).

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+ LA LITERATURA Y LA MONTAÑA

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Hoy me ha venido a la memoria una palabra que me ha permitido realizar un análisis memorístico y retrospectivo de autores y novelas/cuentos que están relacionados con ella: MONTAÑA. De este modo, han emergido desde su enclave en chips de mi cerebro los Andes peruanos, el Kilimanjaro, el Fujiyama, los Alpes suizos, una montaña humana, etc. Y he vuelto a caer en la tentación de seguir estableciendo parejas literarias, asociando al escritor con su accidente geográfico en este caso. ¡Manías que tiene uno!

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Mario Vargas Llosa y los Andes. Novelista,
articulista y ensayista peruano. Estudió en el Colegio de La Salle, en Cochabamba. Me tomo la licencia de resaltar este dato porque el que esto escribe lo hizo en el Colegio de La Salle, en Melilla. Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente se instaló en París. Más adelante lo hizo en Madrid. Es miembro de la Real Academia Española.

Escribió Lituma en los Andes, que entendemos que encaja en este artículo. El protagonista, el guardia Lituma, cabo, es destinado a un campamento minero en los Andes peruanos, en donde se enfrenta al rigor del clima y a la distante recepción de los habitantes del poblado, bajo el peligro constante de ataques del grupo Sendero Luminoso. Las desapariciones de personas que se dan se explican como un rito de ofrenda de sacrificios humanos a la tierra para asegurar el éxito de las cosechas y otras cuestiones cotidianas.

De entre sus obras restantes podemos señalar las siguientes: La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral, Pantaleón y las visitadoras, La guerra del fin del mundo, Los cuadernos de don Rigoberto, La fiesta del Chivo, Travesuras de la niña mala, etc. Tiene escritos, además, numerosos ensayos.

Cuenta en su haber con abundantes premios y distinciones, entre otros: Premio Cervantes, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, condecoración francesa de la Legión de Honor, etc. Será próximamente, a mi juicio, Premio Nobel de Literatura, con todo merecimiento.

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Ernest Hemingway y el Kilimanjaro. Como se sabe, es la montaña más alta de África, con 5.895 metros de altitud. Su cima se ha quedado prácticamente sin nieve y aseguran los científicos que en quince años la nieve habrá desaparecido por completo.

Hemingway escribió una novela titulada Las nieves del Kilimanjaro, llevada al cine, interpretada en sus principales papeles por Gregory Peck, Susan Hayward y Ava Gardner y dirigida por Henry King. La novela, como se recordará, es una serie de relatos en que el autor abre su alma para contarnos con una prosa directa los miedos e ilusiones del ser humano ante los peligros, la vida y la muerte.

Ya en otro matrimonio anterior de ‘Literatura y …’ me referí a la teoría de algún estudioso que afirma que en todo relato se cuentan dos historias, la del primer plano (el hombre que va a jugar al casino) y la del segundo plano, oculta aparentemente a los ojos del lector (el suicidio posterior). El caso que expuse fue la anécdota de Chejov, anotada por él en un cuaderno, que decía: ‘Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida’.

Entonces dije, y repito ahora, que la teoría me resultaba interesante. En Las nieves del Kilimanjaro, en el capítulo denominado El río de los dos corazones puede el lector curioso comprobar si esta teoría le resulta plausible y ve en primer término, en apariencia, el relato de una simple y festiva jornada de pesca, y en segundo, como trasfondo, sin percibirse apenas, los efectos devastadores de la guerra. O sea, lo que Hemingway llamaba la teoría de la punta del iceberg, que consiste en situar el tema principal en último plano y destacar en primer término alguna escena secundaria, es decir, se ve la ‘punta’, pero el resto está bajo superficie.

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Yasunari Kawabata y el monte Fuji. El Fujiyama, como se conoce en occidente. Fue el primer japonés ganador del premio Nobel de Literatura, en 1968. Se suicidó tres años después.

He escogido para este artículo sobre montañas una recopilación de cuentos con el nombre de Primera nieve en el monte Fuji. Los cuentos son una ventana abierta al mundo doméstico de la postguerra japonesa y una reflexión destilada sobre los sentimientos y contradicciones humanas, sobre el ser, las incógnitas de la belleza y el silencio. Están escritos con una inteligencia inquisitiva y con mucho sentido del humor.

La colección comprende los cuentos: En aquel país. En este país; Una hilera de ginkgo; Con naturalidad; Gotas de lluvia; El crisantemo en la roca; Primera nieve en el monte Fuji; Sin palabras; Lo que su esposo no hacía y Un pueblo llamado Yumiura.

Otras obras del maestro japonés son: La bailarina de Izu, El sonido de la montaña, La casa de las bellas durmientes (que recomiendo encarecidamente al lector que se acerque a estas líneas), Lo bello y lo triste, etc.

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Thomas Mann y los Alpes. Ya hemos escrito algo sobre este novelista alemán, Premio Nobel de Literatura, en nuestro trabajo ‘Literatura y suicidio’.

Hemos escogido para este artículo su gran novela La montaña mágica, cuya trama se desarrolla en Davos, ciudad suiza del cantón de los Grisones, situada a una altura de 1500 metros en los Alpes Réticos, en un sanatorio para enfermos tuberculosos. Es de destacar en la obra una novedosa y virulenta declaración de amor de Hans Castorp a Clawdia, que se ha hecho famosa por su fuerza fisiológica y estupenda originalidad, dirigida a un tipo magnífico de mujer que simboliza, tal vez, la belleza inmortal de la materia orgánica. La declaración está hecha en francés. La mujer contesta a esta declaración de forma concisa: ‘Sabes solicitar profundamente, a la alemana’.

Ya señalamos en ‘LITERATURA y SUICIDIO’ que otras novelas conocidas de este autor son Muerte en Venecia y Fausto.

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Enrique Anderson Imbert y ‘La montaña’. Escritor, ensayista y profesor argentino, fallecido en el año 2000. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras. También profesor en las Universidades de Michigan y de Harvard. Escribió reputados ensayos sobre historia de la literatura hispanoamericana y novelas y libros de cuentos. Entre estos últimos cabría mencionar El Grimorio, La locura juega al ajedrez, Los primeros cuentos del mundo, etc.

Tiene un cuento corto titulado La montaña, que dice así:

“El niño empezó a treparse por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en la butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña. Y el niño lo fue escalando: se apoyaba en las estribaciones de las piernas, en el talud del pecho, en los brazos, en los hombros, inmóviles como rocas. Cuando llegó a la cima nevada de la cabeza, el niño no vio a nadie.

–¡Papá, papá! –llamó a punto de llorar.

Un viento frío soplaba allá en lo alto, y el niño, hundido en la nieve, quería caminar y no podía.

–¡Papá, papá!

El niño se echó a llorar, solo sobre el desolado pico de la montaña.”


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vendredi 22 juin 2007

+ EL AMOR POR LOS LIBROS

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Hace unos días repasando una lista de películas que tengo muy a mano para ir adquiriendo poco a poco aquellas que tengo interés en coleccionar, comprobé que me faltaba, a pesar de haber visto la película ya antes, el título 84, Charing Cross Road.

Está basada en la novela homónima publicada en New York en 1970 (la película en España se estrenó con el nombre de La carta final), escrita por una escritora nada conocida por otros trabajos, en la que vertió la correspondencia que mantuvo con una librería de Londres a través de un empleado y que cuando fue publicada conquistó el corazón de millones de lectores de todo el mundo. Su autora, que atravesó por momentos angustiosos de agobio económico, fue la estadounidense Helene Hanff. Así pues, la novela está escrita totalmente en forma epistolar. Fue representada en teatros y llevada al cine. La película está protagonizada en sus papeles estelares por Anne Brancroft y Anthony Hopkins.

Cuando la leí me llamaron la atención diferentes cuestiones. Una, la principal, la forma en que una mujer sin recursos económicos, con el mundo entero prácticamente recién salido de una catástrofe universal (II Guerra Mundial, 1939-1945), se afana en perseguir libros deseados que aparecen agotados y que no encuentra en ninguna librería, a partir de un anuncio de unos libreros en un periódico de New York. O sea, su amor por los libros.

Se decidió a escribir una carta, la primera, que es el comienzo de la novela y que traducida dice así:


“14 East 95th St.
New York City
5 octubre 1949

Marks & Co.
84, Charing Cross Road,
Londres, W.C. 2,
Inglaterra.

Señores:

Su anuncio publicado en la Saturday Review of Literature dice que están ustedes especializados en libros agotados. La expresión «libreros anticuarios» me asusta un poco. Porque asocio «antiguo» a «caro». Digamos que soy una escrito¬ra pobre amante de los libros antiguos y que los que deseo son imposibles de encontrar aquí salvo en ediciones raras y carísimas, o bien en ejemplares de segunda mano en Barnes & Noble que, además de mugrientos, suelen estar llenos de anotaciones escolares.
Les adjunto una lista de mis necesidades más apremiantes. Si disponen ustedes de ejemplares limpios de segunda mano de algunos de los libros de esa lista, y a un precio que no rebase los 5 dólares por unidad, ¿tendrán la amabilidad de considerar la presente como un pedido en firme y enviármelos?

Dándoles de antemano las gracias, les saluda

Helene Hanff “.

Otro asunto que llamó mi atención de forma poderosa fue como a partir de ese amor, esa pasión por los libros, Helene y el empleado de la librería, Frank, llegan a alcanzar una gran amistad, plena de ternura y comprensión, culminada a través de la fascinación por los libros. Es una historia de amor epistolar en que nunca se mencionó algo similar al ‘te amo’.

A partir de esa amistad nacen otros sentimientos profundos, como por ejemplo, el de la solidaridad.

En Inglaterra, en los años inmediatamente posteriores a la finalización del conflicto bélico, hubo restricciones de todo tipo, afectando incluso a necesidades primarias, como la alimentación.

Las cartas se van sucediendo una tras otra y cuando ya hay cierto grado de confianza, Helene da un paso más y se atreve a enviar alimentos para todos los empleados de la librería, de lo que nos da cuenta en la siguiente carta:


“14 East 95th St.
9 diciembre 1949
¡SOCORRO! ¡FPD!¹

He enviado el paquete. El elemento principal de su contenido es un jamón de unos tres kilos. Había pensado que podrían llevarlo a un carnicero para que lo cortara, de manera que todos pudieran llevarse algo de él a casa.

Pero acabo de darme cuenta de que en su última factura pone: “B. Marks. M. Cohen. Propietarios.”.

¿TOMAN COMIDA KOSHER? Porque, si fuera así, puedo enviar urgentemente lengua.

¡ACONSÉJEME, POR FAVOR!

Helene Hanff”

¹ Nombre del empleado con el que mantenía la correspondencia: Frank P. Doel.

Nota.- Al ver que en la factura figura el apellido Cohen, piensa que uno de los propietarios es judío. Helen era judía también.


A lo largo de toda la novela hay detalles enternecedores, como:

“Adjunto 4 dólares para cubrir el importe que les debo. Tómense un café con los 12 centavos sobrantes. No hay por aquí cerca ninguna oficina de correos, y no voy a ir hasta Rockefeller Plaza y guardar cola para enviar un giro por 3,88 dólares.”.

En una de las primeras cartas de Frank a Helene, comienza aquél el escrito con las palabras Dear Madam, tratamiento británico que en correspondencia se traduce por Distinguida / Querida Señora, a lo que la escritora americana responde al pie de una de sus misivas: Espero que « madam»² no tenga ahí el mismo significado que aquí.

² Juego de palabras sobre los dos sentidos de la palabra inglesa «madam» («señora» y «encargada de una casa de citas»), en alusión al «Dear Madam» británico con que encabezan la carta a sus corresponsales.

He pretendido dejar aquí reflejada esa pasión por los libros y su lectura, que llevó en este caso a la Sra. Helene Hanff, a través de sus epístolas, a ser reconocida mundialmente, y de ahí a la amistad, a la solidaridad, etc.

También resultó singular la experiencia que quiso transmitirnos Helene Hanff al hacerlo en forma de novela epistolar, género que no es muy abundante en la literatura universal, aunque hay casos llamativos. Reseñaremos de pasada algunos:

Nubosidad variable, de Carmen Martín Gaite. Correspondencia de dos amigas que se cuentan su vida por carta.

Novela en nueve cartas, de Fedor Dostoievski. Con una trama novelesca intrigante, historia contada de forma magistral, como es normal en este autor ruso. Les sugiero que las lean despacio para no despistarse.

Las amistades peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos. Llevada al cine con el mismo título. Cartas escritas por una decena de personajes de la Francia del siglo XVIII sobre juegos y engaños, mensajes de amor, desamor, cartas clandestinas, etc. Es una novela llena de intriga.

Lady Susan, de Jane Austen. Historia de una mujer madura, fría, coqueta, turbia e inteligente, Lady Susan Vernon, que prepara su segunda boda cuando el cadáver de su primer marido está todavía caliente.

Werther o Las cuitas de Werther, de Johann Wolfgang von Goethe. Novela paradigmática dentro del Romanticismo. Cuenta a través de cartas las relaciones tormentosas del joven Werther con Carlota, que no le corresponde.

Paradero desconocido, de Katherine Kressmann. Hubo de publicarla en su día bajo el seudónimo de Kressmann Taylor para enmascarar que era una mujer. A través de cartas, dos amigos, uno judío y otro alemán de pura cepa, se cuentan las peripecias que rodean al movimiento nazista incipiente en la Alemania que precede a la II Guerra Mundial y las consecuencias posteriores. Es un fuerte alegato contra el nazismo.

Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro. La protagonista, Olga, una abuela, viendo el final inminente de su vida, decide escribir a su nieta una larga carta para contarle lo que ninguna de las dos ha sabido ni decir ni escuchar.

El corazón de Voltaire, de Luis López Nieves. Se encarga a un profesor francés de resolver el dilema sobre si el corazón encontrado, único resto que queda tras haber sido profanado el sepulcro de Voltaire, corresponde realmente a éste. La novela pertenece a un género epistolar novedoso. Está sustentada en el intercambio de numerosos correos electrónicos entre personajes de la novela. Se debe encuadrar lógicamente dentro del género de la novela epistolar o ¿novela electrónica?

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+ LITERATURA Y ENEMISTAD

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La enemistad entre escritores, más o menos abierta, más o menos pública o notoria, disimulada o no en mayor o menor grado, se remonta a siglos y se da con frecuencia incluso en nuestros días. Los motivos para tal enemistad son diversos, si bien destacan sobre otros, a mi juicio, aquellos que responden a celos profesionales, divergencias por razones de estilo al escribir, diferencias generacionales y otras especiales. He de confesar que algunas me resultaron divertidas, otras sumamente cómicas o por el contrario excesivamente crueles algunas de ellas. Las ha habido y las hay para todos los gustos. Comentemos algunas enemistades famosas, sin ahondar en ellas ni emitir juicios de valor. Tómense simplemente como una curiosidad o simple gacetilla de sociedad (confesemos que a todos nos gusta a veces el chismorreo).

García Márquez y Vargas-Llosa. Dos compañeros de 'fatigas literarias', Mario y Raúl, le han dedicado en esta web sendos artículos a García Márquez, resaltando interesantes aspectos de su obra y personalidad. Es por eso que no me voy a referir a esas vertientes. Comentaré algo peculiar que siempre me llamó la atención.

Gozaron durante unos años de una amistad entrañable, pero…

Al cumplirse los 25 años del premio Nobel, los 40 de la publicación de Cien años de soledad y 80 de edad, le preguntaron al autor de esta novela en Cartagena de Indias: ¿Tendría inconveniente en incluir el ensayo (*) en la edición de homenaje? A Vargas–Llosa se le hizo la misma pregunta y las respuestas fueron:

García Márquez: No tengo inconveniente, pero no se lo voy a pedir.
Vargas-Llosa: No tengo inconveniente, pero no se lo voy a ofrecer.
(Según el ex-Presidente colombiano Sr. Betancourt).

(*) Se refiere al ensayo que escribió Vargas-Llosa en 1971 titulado García Márquez: historia de un deicidio. Es un análisis en profundidad del universo de Macondo y un estudio detallado sobre la forma de crear, narrar, novelar, del autor colombiano, en definitiva, una tesis doctoral importante. Prohibió su reedición en 1976 y Círculo de Lectores parece que lo va a reeditar junto a otros ensayos y las obras completas del maestro peruano.

Eran casi hermanos y compadres por bautizo de un hijo y llevan más de treinta años sin hablarse. La causa última del enfado fue un misterioso y no explicado puñetazo en un ojo que propinó el peruano al colombiano en una ceremonia muy formal en el Palacio de Bellas Artes de México. Al acercarse García Márquez al peruano, al verle en la sala, le gritó 'Hermano' y éste le contestó con un sonoro y ya famoso sopapo en pleno rostro. Nunca han vuelto a encontrarse ni a referirse el uno al otro en público. ¿Qué ocurrió? Tal como se sucedieron los hechos parece ser que éstos obedecieron a un asunto de corte muy íntimo y privado. Además del puñetazo, hubo otro asunto que separó a los dos amigos: la política de Fidel Castro.

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Ramón María de Valle-Inclán y Manuel Bueno. Café de la Montaña, Madrid, año 1899. Sentados a una mesa junto a la puerta, en una reunión de café escuchan a don Ramón disertar sobre las normas que rigen los lances entre caballeros varios tertulianos. En el momento que habla don Ramón, se incorpora a la reunión don Manuel Bueno, escritor gallego como él, que le desmiente en sus afirmaciones, a lo que Valle-Inclán contesta: ¿Qué entiende usted de eso, majadero? Manuel Bueno apresta el bastón que lleva, don Ramón una botella de cristal por el cuello. Finalmente, un golpe de bastón al brazo izquierdo de éste, sin importancia en principio, termina en una infección por un gemelo del puño de la camisa y, final y desgraciadamente, en la amputación del brazo.

Leyendo la biografía de Valle-Inclán, vivo y polémico, observamos cómo se niega a hablar bien de Blasco Ibáñez, ni aun en la hora de la muerte del escritor valenciano. Se desmarca de Góngora, diciendo que lo ha releído y le ha causado un efecto desolador, lo más alejado de todo respeto literario.

Resulta anecdótica su entrevista con el juez en la vista judicial por su alboroto en el teatro Fontalba, en el que actuaba la famosa y gran actriz Margarita Xirgú, que transcurre de la siguiente forma:

Juez: ¿Qué profesión tiene?
Valle-Inclán: Coronel General de los Ejércitos...
J: ¡Esa graduación no existe en el ejército español!
V-I: Coronel General de los Ejércitos de los Países Cálidos...
J: ¿Qué países son esos?
V-I: Me va a resultar muy difícil explicárselo. Si usted tuviera algunas
nociones de Geografía.

J: ¡Orden, procesado!

Tuvo en vida más de un altercado.

Figura importantísima dentro de la literatura. Podemos destacar sus obras Luces de bohemia, con el que se inicia su ciclo esperpéntico; Sonatas, con la creación del universal Marqués de Bradomín; además de otras. Su novela Tirano Banderas marcó el inicio de un ciclo mundial de grandes novelas de tiranos, como: El otoño del patriarca, de García Márquez; Yo, el Supremo, de Augusto Roa; y El señor Presidente, de Miguel Angel Asturias.

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Lope de Vega y Cervantes. Es probable que los roces surgidos entre ambos autores se debieran principalmente a la diferencia de edad entre ellos (Cervantes era quince años mayor que Lope). Los estudiosos del tema coinciden en señalar a Lope como único destinatario de la enorme ironía que emerge del prólogo a la primera parte de El Quijote, en donde podemos leer entre otras cosas: ‘…salgo ahora con una leyenda seca como un esparto..., falta de toda erudición y doctrina, sin acotaciones en los márgenes y sin anotaciones al fin del libro como veo que están otros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes…’.

Las diferencias entre los dos personajes ilustres de las letras españolas sabemos que pertenecían al campo literario y fueron numerosas.

Es conocida la opinión que mostraba Lope acerca de El Quijote antes de su publicación —debió conocerlo en parte— y el desprecio con el que hablaba de la novela. En agosto de 1604 Lope dirige una carta a un conocido suyo, del que se sabe que es médico por la carta, y comenta entre otras cuestiones: ‘…De poetas, no digo: buen siglo es éste; muchos están en ciernes para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alabe a Don Quijote...’.

Basten estas pequeñas muestras para ilustrar la enemistad comentada.

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+ LA LITERATURA Y LOS APELLIDOS

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YO TAMPOCO TENGO LA CULPA
(Recordando a Roberto Arlt)
por Antonio Senciales
(Conesey Lasegun Daconcé)


Roberto Arlt*, periodista, novelista y cuentista argentino, escribió en sus Aguafuertes porteñas un episodio titulado Yo no tengo la culpa a propósito de la rareza de su apellido y de los contratiempos que le acarreó de por vida.

Yo tampoco tengo la culpa de tener el apellido que tengo, Sr. Arlt, que nos ha deparado durante toda nuestra vida a mis familiares y a mí molestos problemas que nos han llevado a plantearnos aclaraciones lo más ingeniosas posible para que fuese pronunciado o escrito en forma correcta. Creo que para nosotros las molestias han sido mayores que las de usted, Sr. Arlt, al ser andaluces. Lo digo por aquello de las eses y las ces. Y siempre se ha terminado diciendo ¡qué apellido más raro!, igual que con Arlt.

Una respuesta común en nuestra familia ha sido decir: mire, la primera con ese, la segunda con ce y terminado en ese. ¿Qué molesto, verdad? Tanto nos ha dado que pensar nuestro apellido que un pariente cercano, aficionado a escribir, ha adoptado esta respuesta como pseudónimo literario: Conesey Lasegun Daconcé (con ese y / la segun / da con ‘ce’) —que a mí me suena a camerunés— y otros lo harán, con lo cual corremos el riesgo de imitar —cuestión que no me gusta nada— a las sagas americanas: Ford I, II, III…, Rockefeller I, II, III…, Conesey Lasegun Daconcé I, II, III, etc.

Después de muchos años de no tener la ventaja de llamarte Pérez, Sánchez o García, el ingenio te llevó a buscar ayuda en otra palabra del diccionario de la RAE y apoyarnos en ella y así encontramos algún alivio en la sencilla palabra ‘esenciales’. Decíamos entonces y decimos aún a nuestros interlocutores, mire, lo mismo que ‘esenciales’, pero sin la ‘e’ inicial. Algunos escriben directamente nuestro apellido como ‘Esenciales’.

Un problema añadido que no tenían nuestros antepasados, ni usted, Sr. Arlt: cuando escribes en un editor de textos en cualquier ordenador que disponga de corrector ortográfico, el apellido sale señalado como sospechoso, como si estuviésemos marcados como sujetos peligrosos para la sociedad o fuéramos miembros oscuros de alguna secta dudosa, con lo cual hasta los programas inteligentes se confunden con nuestro apellido.

Al igual que el Sr. Arlt, teníamos y seguimos teniendo dudas sobre el origen de nuestro patronímico y esto ha despertado la inquietud o curiosidad de algún miembro de la familia y le ha movido a investigar algo sobre la cuestión.

Hemos querido encontrar sus antecedentes en Zenzano o Cenzano, aldea abandonada de La Rioja, España, porque remontándonos documentalmente siglos atrás hemos establecido un árbol genealógico y hemos comprobado que ya en el siglo XVI existían antepasados que lucían tan cabal apellido registrado como Zençianes/Zençiales.

¿Siendo andaluces no podemos venir de más cerca? —pensó otro interesado socio del club. En los dos últimos siglos el apellido se asienta en Cuevas de San Marcos (Málaga, España). Hemos hecho nuestras cábalas. Y continuamos…

Como verá, Sr. Arlt, nuestro nombre de familia nos ha tenido también bastante ocupados.

Sr. Arlt, usted nos abandonó hace ya más de medio siglo, pero me dirijo a sus descendientes: ¡quien no se consuela es porque no quiere!

Comprobarán que he escrito Arlt correctamente.

Y todo, claro, porque ni vosotros ni nosotros nos llamamos Pérez.

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* Falleció a los 42 años de edad y su obra ganó post mortem un merecido reconocimiento. Dejó escritas las novelas Los siete locos, Los lanzallamas, Aguafuertes porteñas —que se convirtieron con el tiempo en un clásico de la literatura argentina—, Aguafuertes españolas, etc. Para mi gusto fue un excelente cuentista, en la línea tradicional de la cuentística argentina. Se pueden destacar sus cuentos El jorobadito, El criador de gorilas, etc. Me gustaron cuando los leí Rahutia, la bailarina; Ven, mi ama Zobeida quiere hablarte, etc., relatos que escribió para periódicos españoles viajando por Marruecos. Sus manuscritos y textos originales fueron donados por una hija suya a la Biblioteca de Berlín.

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+ LA LITERATURA Y LOS NOBEL

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He leído estupendos discursos de aceptación del Nobel de Literatura. Siempre me ha gustado leerlos porque los autores transmiten en ellos vivencias, aspiraciones no cumplidas, hermosas utopías, jirones de su experiencia vital como escritores y como hombres,…

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García Márquez en 1982 denunció en su discurso la soledad de América latina desde la época colonial hasta la presente, repasando las luchas (5 guerras y 17 golpes de estado), asesinatos, crímenes, subdesarrollo, represión, desapariciones, y comparando las víctimas en número con capitales de Europa o de Estados Unidos, para terminar declarando que frente a la opresión, el saqueo y el abandono, la respuesta latinoamericana era la VIDA.

Recordó lo que dijo su maestro William Faulkner treinta y dos años antes (1950): ‘Me niego a admitir el fin del hombre’. Y apostó por la creación de una utopía nueva y arrasadora de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Fue el discurso de una voz valiente de América Latina que pedía a Europa más comprensión en la ayuda mejor que podía serle prestada, que era revisando a fondo su manera de verla.

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William Faulkner pronunció su discurso en 1950. Nuestro mundo acababa prácticamente de salir de una guerra devastadora a escala planetaria. Nuestra tragedia de hoy —dijo— es un miedo físico general y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Y añadió: ‘Ya no quedan problemas del espíritu; tan sólo una pregunta: ¿cuándo seré aniquilado?’.

Nos dejó en su discurso sus impresiones acerca de la escritura… El hombre y la mujer jóvenes han olvidado los problemas del corazón humano, que solos bastarían para producir buena escritura. Deben aprenderlos de nuevo, dejar espacio en su taller para las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre. ‘Me niego a aceptar el fin del hombre’. El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre esas cosas. Tiene el privilegio de ayudar al hombre a resistir aligerándole el corazón, recordándole el coraje, el honor, la esperanza, el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio…

Loables y útiles consejos procedentes de un escritor de tal categoría.

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José Saramago. El más bello discurso que jamás he leído fue el suyo. En 1998.

El comienzo de su discurso es el de un hermoso cuento: ‘El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir’. Nos cuenta que sus abuelos maternos, Jerónimo y Josefa, eran analfabetos uno y otro.

Nos lleva de la mano a través de su discurso por todo el proceso seguido durante su larga vida para aprender a bien escribir, a bien narrar, y así nos refiere las historias que le contaba su abuelo Jerónimo: ‘Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.’ Nos dice del abuelo que ‘era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras’.

Nos habla también de su abuela y nos confiesa que también creía en los sueños y añade que no podía ser de otra forma al comprobar que una noche, sentada a la puerta de su pobre casa, dijo: ‘El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir’. Y continúa en su discurso precisando: No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida. Su casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.

Es conmovedor conocer las palabras que dedica Saramago a sus abuelos ante un solemne auditorio, todos de gala y con esmoquin, todos con aspecto circunspecto y grave, en el acto de entrega del Premio Nobel, y comprobar cómo relata la adoración que sentía por su particular contador de cuentos, por su abuelo querido.

Así explicó ante todos la génesis de su nacimiento al mundo literario. El discurso continuó concretando cómo habían sido concebidas sus obras principales, sacadas todas a la luz a partir de experiencias vitales personales. Tras la publicación de su primera novela, que no tuvo éxito, y la escritura de una segunda que no fue publicada, estuvo veinte años sin escribir. Le preguntaron por la causa y contestó: ‘Cuando no se tiene nada que contar, lo mejor es callar’.

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jeudi 21 juin 2007

+ LA LITERATURA Y LOS DICCIONARIOS

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Tengo algunos amigos realmente fieles a sus aficiones y, entre ellas, a una muy importante que es la escritura creativa. Para practicar esta devoción se aconseja por personas entendidas tener siempre a mano los siguientes diccionarios: el de la Real Academia Española de la Lengua, el de
sinónimos y antónimos, Ortografía de la Lengua española,
etc. No vamos a hablar de estos diccionarios, lo haremos de otros quizás no tan útiles pero sí más divertidos y amenos, a la par que muy diferentes entre sí. Y de sus autores.

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Ambrose Bierce (1842-1914?) y ‘Diccionario del Diablo’. Estadounidense. Nació en una familia de trece hermanos.

En su época gozó de más popularidad incluso que Poe o Twain. Destacó por sus relatos, en los que sobresale siempre la ironía y el humor negro. Se le considera un continuador de la tradición iniciada con Poe, Hawthorne y Melville.


Algunos de los mejores relatos macabros de la literatura universal fueron escritos por él: La muerte de Halpin Frayser, La cosa maldita, El incidente en el puente sobre el río Owl (cuya lectura recomiendo porque quedará el lector encantado con la forma de narrar de este autor), La ventana tapiada, etc. Muchos de sus relatos están ambientados en la guerra civil americana, como En mitad de la vida, que reúne sus mejores y más sombríos relatos, que es su obra principal, aunque es más conocido por su Diccionario del Diablo.

En el año 1913, con 71 años de edad, cruzó la frontera de México en plena revolución y ya se le perdió la pista para siempre, unido a las tropas de Pancho Villa.

Después de muchos años de sobria fama en su país, alrededor del año 1940 es traducido en Francia, sin consecuencias destacables, aunque su gloria reverdece.

Una pequeña muestra de lo que encontramos en su Diccionario del Diablo es la siguiente:

ABANDONADO, s. y adj. El que no tiene favores que otorgar. Desprovisto de fortuna. Amigo de la verdad y el sentido común.

BRUTO, s. Ver Marido.

CAÑÓN, s. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.

CEREBRO, s. Aparato con que pensamos que pensamos. Lo que distingue al hombre contento con “ser” algo del que quiere “hacer” algo. Un hombre de mucho dinero, o de posición prominente, tiene por lo común tanto cerebro en la cabeza que sus vecinos no pueden conservar el sombrero puesto. En nuestra civilización y bajo nuestra forma republicana de gobierno, el cerebro es tan apreciado que se recompensa a quien lo posee eximiéndolo de las preocupaciones del poder.

ESPALDA, s. Parte del cuerpo de un amigo que uno tiene el privilegio de contemplar en la adversidad.

FOTOGRAFÍA, s. Cuadro pintado por el sol sin previo aprendizaje del arte. Es algo mejor que el trabajo de un apache, pero no tan bueno como el de un indio ‘cheyenne’.

IDIOTA, s. Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre dominante. La actividad del Idiota no se limita a ningún campo especial de pensamiento o acción, sino que “satura y regula el todo”. Siempre tiene la última palabra; su decisión es inapelable. Establece las modas de la opinión y el gusto, dicta las limitaciones del lenguaje, fija las normas de la conducta.

LUNES, s. En los países cristianos, el día que sigue al partido de béisbol.

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José Luis Coll García (1931-2007) y El diccionario de Coll. Humorista y escritor español, popular por formar parte de la pareja ‘Tip y Coll’. Huérfano de padre con un año de edad, su madre emigró a Argentina al finalizar la guerra civil española y fue criado por sus abuelos.

Ha intervenido como actor y guionista en numerosos programas de radio y televisión. También en el teatro y en el cine y ha escrito en revistas de humor, como ‘La Cordorniz’. Es autor de numerosos libros de humor y de la novela El hermano bastardo de Dios, pero fue El diccionario de Coll, del que se han hecho numerosas ediciones, el que le hizo más popular si cabe.
Entresacamos del diccionario algunas definiciones:

ACOÑAR. Fabricar moneda con el coño. Antigua costumbre que proporcionaba tantos beneficios como en la actualidad y casi tantos como en el futuro. Léase Vida y Costumbres de Jaquelín.

ANORQUISTA. El que hace lo que quiere con su culo.

AVE. Segundo hijo de Hadán y Eba.

BACHILLOR. Persona que ha hecho el bachillerato a base de gritos.

BUTA. Bujer de bala rebutación que comercia con su cuerbo.

CARBÓN. Cronudo.

CARRESTÍA. Ausencia, falta de carros. Véase Vida y Obras de Manolo Escobar.

CEDRO. Madrano, puecro, crochino.

ZUECO. Andaluz nacido en Suecia.

YOYÓ. Un servidor de ustedes, un servidor de ustedes.

No hay que decir que el contenido del diccionario rebosa humor por todos los costados.

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Podríamos continuar citando otros diccionarios: Diccionario Geográfico Popular de España y Diccionario Secreto, ambos de Camilo José de Cela, y otros. Lo dejaremos aquí por hoy.

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+ LA LITERATURA Y LA MUJER

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Me he decidido a escribir algo sobre este tema, muy debatido por trabajos de Mario Alfageme y Raúl Luceño, aparecidos ya en las páginas de www.narrador.es y titulados 'LA LITERATURA ES COSA DE HOMBRES' y 'MACHISMO Y LITERATURA: RIZANDO EL RIZO', que, por cierto, han suscitado numerosos comentarios.

Entiendo sinceramente que la literatura no es un asunto en el que deban tener éxito exclusivamente los hombres y que ha habido y hay numerosas mujeres que han dado muestras de la calidad literaria de sus narraciones. En España tenemos unas cuantas. Recuerdo con nostalgia de mi época de estudiante la novela Nada, de Carmen Laforet, barcelonesa, que fue Premio Nadal en su día, ganadora también del Premio Fastenrath de la Real Academia Española. Y más recientes hay otras. Algún día hablaremos de ellas.

Dos mujeres, excelentes narradoras, a las que leído disfrutando de su prosa exquisita y a las que quiero rendir con este pequeño artículo un sencillo homenaje —extensivo a todas las mujeres escritoras— me llamaron siempre la atención: la danesa Isak Dinesen y la neozelandesa Katherine Mansfield. Debo aclarar que he sido y soy un devoto lector de relatos y cuentos, quizás de ahí mi admiración reforzada por ellas. Ambas lucharon por su vocación de escritoras en una época en que participar como miembro activo del mundo literario, nutrido casi exclusivamente por hombres, resultaba harto difícil y tuvieron que vencer numerosos escollos para ser reconocidas contra corriente.

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Katherine Mansfield nació en Nueva Zelanda en 1888 y murió en París en 1923. Recorrió varios centros médicos de Europa luchando contra la tuberculosis. En Europa se encontró con escritoras y escritores contemporáneos, como Virginia Woolf y D. H. Lawrence. Como escritora de relatos cortos desarrolló las técnicas empleadas por el ruso Anton Chejov, traducido ya por esos años y conocido en Europa. Su influencia posterior como escritora de relatos fue muy importante.

Sus relatos están dotados de un carácter poético, con un tono delicado e irónico, con historias en que la autora evoca sus años de infancia y adolescencia en su tierra natal.

Entre sus colecciones podemos destacar Pensión de familia alemana (1911); Felicidad (1920); Fiesta en el jardín (1922), considerada por muchos su mejor obra; El nido de una paloma (1923); Algo infantil (1924); y numerosos poemas.

Un excelente narrador español, maravilloso cuentista, traducido a numerosos idiomas y mil veces antologado, con numerosos premios, del que soy un profundo admirador, Medardo Fraile (Escritura y verdad, Cuentos completos, Editorial Páginas de Espuma), y poco conocido quizás en España por desgracia por haber desarrollado su labor docente en una universidad de Escocia, dijo en cierta ocasión, hablando de la búsqueda del relato humano, sensible, del tipo que él quería escribir, lo siguiente:

“Lo que estaba más cerca de mi sensibilidad —un cuento como un eco evocador, de miradas largas y cielos altos, de compasión y sonrisa, de personas u objetos embellecidos por la inutilidad en un mundo que no entiende nada y se desmorona de lugares comunes y pereza—, lo encontré en un libro de Katherine Mansfield, En la bahía.”.

Dentro de las colecciones de relatos de Katherine los hay tan hermosos —además de En la bahía—, como El canario, La mosca, Sopla el viento, etc.

Acercaos a esta mujer, leedla con calma y de seguro que experimentaréis cuanto aquí se deja apuntado.

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Isak Dinesen —seudónimo masculino— (o Karen Blixen —adoptó numerosos seudónimos—), de nombre real Karen Dinesen, nacida en Dinamarca en 1885 en el seno de una familia de ascendencia noble, que estudió arte en diferentes ciudades europeas, fue en vida una fascinante mujer, luchadora, aventurera y de gran carisma, de vida intensa, pasando por la experiencia de la creación de una plantación de café en Kenia. En 1931 regresó a Europa, tras el fracaso de la plantación y la muerte en África del cazador Finch Hatton en accidente de aviación, con el que mantuvo una relación sentimental. Nunca más regresó a África. Murió en 1962 a la edad de 77 años.

A muchas personas les resultará conocida Karen Dinesen. La estupenda película Memorias de África (1985), dirigida por Sydney Pollack e interpretada por Merryl Streep y Robert Redford, con una excelente banda sonora —que recomiendo oír cuando os sintáis mal o queráis estar solos—, está basada en su obra Memorias de África (Out of Africa, 1937) y en otros relatos, en donde narra con nostalgia su estancia en Kenia, sus éxitos y fracasos en su plantación de café y su tristeza al abandonar el estilo de vida sencillo africano que tanto admiró.

Fue admirada por escritores de la talla de Ernest Hemingway y Truman Capote.

Escribió sus relatos (novelas y cuentos) en su idioma materno y en inglés. Otras narraciones suyas son: Siete cuentos góticos (1934), Los vengadores angélicos (1944), Cuentos de invierno (1942), Sombras de hierba (1960) y Cartas desde África (1981).

De ‘Cuentos de invierno’, me gustaron mucho Cuento del joven marinero y el relato Las perlas, incluido en la misma colección.

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+ LITERATURA Y GAIS Y LESBIANAS

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Estoy seguro de que algún día dejaré atrás esta fantasía mía de estipular matrimonios arbitrarios en que uno de los desposados es siempre la LITERATURA. Obedece sin duda a mi disposición a escribir sobre cualquier tema literario. Al plantearme escribir algo con el lema de la rúbrica, me vi constreñido a deslindar el terreno, distinguiendo entre:

1.- Tratar sobre narrativa gay/lesbiana, que ha sido abordada o cuanto menos tocada de pasada por reconocidos escritores, algunos de los cuales son: Fernando Arrabal, que en Un esclavo llamado Cervantes, una heterodoxa biografía sobre el personaje, sostiene la tesis de ciertas veleidades homosexuales por las que el escritor se habría enrolado en la sangría de Lepanto; Paul Auster, que en su Brooklyn Follies nos presenta al homosexual culto y enigmático Harry Brightman, librero antiguo, que no es lo que parece; Thomas Mann, que en Muerte en Venecia, nos relata la historia de un alma agotada que termina descubriendo la belleza en la figura del adolescente Tadzio; o Eduardo Mendicutti, que en California nos pasea por la vida de Charly, quien con los años ocupa un importante puesto en una gran empresa en Madrid y mantiene una relación estable con Álex, un ambicioso broker.

2.- O elaborar una pequeña referencia sobre escritores gais y lesbianas, confesos, que dedicaron su vida a la literatura y nos deleitaron con sus obras, algunos de los cuales han sido: Federico García Lorca, Djuta Barnes, Virginia Woolf, Truman Capote, Óscar Wilde, Terence Moix, etc.

En mis trabajos ‘La literatura y los ríos’, ‘Literatura y suicidio’, etc., hemos tratado sobre algunos de ellos, por lo que nos vamos a detener hoy aquí sólo en dos figuras que han descollado notoriamente en el mundo de las letras en su época, rompiendo moldes y esquemas sociales: Óscar Wilde y Truman Capote.

Antes quisiera referirme a un simpático incidente ocurrido entre un joven periodista y Terence Moix, escritor catalán, ganador del Premio Planeta 1986 con No digas que fue un sueño, a propósito de la presentación de uno de sus libros. El periodista, estimando que iba a pulverizar al escritor, le preguntó a bocajarro: ‘¿Es verdad que es usted gay?’, a lo que Terence Moix, con el humor desenfadado y sin complejos de que siempre hizo gala, le contestó: ‘No, yo soy maricón de toda la vida’.

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Óscar Wilde (1854-1900), irlandés, educado en Oxford, aventurero, osado, hedonista y esteta. Además escritor, poeta y dramaturgo. Fue un hombre de gran ingenio. Estuvo casado y tuvo dos hijos.

Su abierta homosexualidad en la época que le tocó vivir —la victoriana— y sus ideas socialistas le complicaron la vida. Fue condenado a dos años de trabajos forzados por sodomía. En esta condena confluyen los males de la época: la hipocresía moral, el cinismo público, la prepotencia colonialista y la más grave intolerancia. Se atrevió a insinuar en la sociedad de su tiempo que el socialismo era un ideario digno de tomar en cuenta para combatir la ocupación británica de Irlanda.

Se hizo muy famoso por sus frases ingeniosas y destacó como gran conversador. He aquí algunos de sus aforismos:

* El que dice la verdad, puede estar seguro que tarde o temprano será descubierto.
* La única forma de vencer una tentación es dejarse arrastrar por ella.
* La educación es algo admirable. Pero es bueno recordar de vez en cuando, que nada que valga conocerse puede ser enseñado.
* Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.
* El deber es lo que esperamos que hagan los demás.
* El que vive más de una vida debe morir más de una muerte.
* Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.
* Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti.

De entre sus obras teatrales podemos destacar: Una mujer sin importancia, El abanico de lady Windermere, Un marido ideal, La importancia de llamarse Ernesto (The importance of being Earnest. El título en inglés es un juego de palabras: Ernest (Ernesto) y Earnest (serio) tienen una grafía y pronunciación semejantes. Una traducción más ajustada y que encajaría más con el espíritu de la obra sería ‘La importancia de ser serio’).

Y de sus obras en prosa: El retrato de Dorian Gray (su única novela), El príncipe feliz, El fantasma de Canterville, Una casa de granadas (cuentos). El que no conozca ninguno de sus cuentos tiene ahora la ocasión de hacerlo leyendo El ruiseñor y la rosa (pinchar para leer).

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Truman Capote (1924-1984), nacido en Nueva Orleáns, U.S.A. Periodista, novelista y cuentista. Personaje excéntrico, de gran éxito social y muy relacionado con la aristocracia neoyorquina de su época, con la que acabó mal debido a la fuerte crítica que hacía de muchos de sus conocidos en sus textos. En Música para camaleones, una de sus obras, dice de sí mismo: ‘Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio’. Murió de sobredosis de psicofármacos en 1984. Su vida ha sido llevada al cine.

La novela con la que alcanzó la popularidad fue A sangre fría (se hizo un filme del mismo título), en que narra una serie de asesinatos realmente ocurridos. Tardó en reunir la información para escribirla cinco años. Él mismo acuñó la expresión de que era la primera novela de no ficción que había sido escrita hasta entonces y abrió el camino para otra forma de hacer periodismo.

Otras obras suyas son: Desayuno en Tiffany’s (también llevada a la gran pantalla) y cuentos excelentes, entre los que se encuentran Un árbol de noche y otros cuentos. En el cuento Una adorable criatura hace una magnífica semblanza de Marilyn Monroe. Me gustó especialmente uno de sus cuentos mejor escritos: Un recuerdo navideño (pinchar para leer).

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mercredi 20 juin 2007

+ LITERATURA Y OTRAS LENGUAS DE ESPAÑA

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El bilingüismo que se da en algunas Comunidades Autónomas es un bilingüismo ordenado, debiendo entenderse por tal aquél en que las dos lenguas no se confunden, no toman prestadas palabras una de otra. Existen bilingüismos desordenados, como los que se dan en determinados estados de EE.UU. de América, en que el spanglish campa por sus respetos separadamente de los idiomas inglés-inglés y español-español.

En esta situación de bilingüismo ordenado, o bastante ordenado, encuentro que están en España las lenguas CATALANA, VASCA y GALLEGA con respecto al español, a las que deseo referirme hoy, aunque la convivencia tan cercana al español a veces distorsiona esa impresión. Al menos esto es lo que desearía que ocurriera realmente.
No me apetece esta vez hablar específicamente de escritores o poetas sino de LENGUAS.
Las personas que tienen la fortuna de vivir en los territorios o comarcas correspondientes o proceden de ellos, en los que se habla, además del español, una lengua propia diferente deben esforzarse por fomentarla y conservarla porque desde mi punto de vista es algo hermoso, diferencial, que se debe trasmitir como herencia a sus descendientes. Y se debe fomentar su estudio y práctica entre los más jóvenes, en las escuelas, en nidos escolares.

Así pues, este es un modesto homenaje literario a esas lenguas, y por tal razón me he atrevido a dejar aquí retazos de poemas entrañables de autores reconocidos que escribieron en catalá, euskera y galego. Allá van:

La vaca cega
Joan Maragall
(Poesies, 1895)

Topant de cap en una i altra soca,
avançant d'esma pel camí de l'aigua,
se'n ve la vaca tota sola. És cega.
D'un cop de roc llançat amb mala traça
el vailet va buidar-li un ull, i en l'altre
se li ha posat un tel. La vaca és cega.
Ve a abeurar-se a la font com ans solia;
mes no amb el ferm posat d'altres vegades
ni amb ses companyes, no: ve tota sola.
Ses companyes, pels cingles, per les comes,
pel silenci dels prats i en la ribera,
fan dringar l'esquellot mentre pasturen
l'herba fresca a l'atzar... Ella cauria.
./…


La vaca ciega
(Poesías, 1895)

En los troncos topando de cabeza,
hacia el agua avanzando vagorosa,
del todo sola va la vaca. Es ciega.
De una pedrada harto certera un ojo
le ha deshecho el boyero, y en el otro
se le ha puesto una tela. La vaca es ciega.
Va a abrevarse a la fuente que solía,
mas no cual otras veces con firmeza,
ni con sus compañeras, sino sola.
Sus hermanas por lomas y cañadas,
por silencio de prados y riberas,
hacen sonar la esquila mientras pastan
hierba fresca al azar. Ella caería.
./…
(Traducción de Miguel de Unamuno).

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Nire aitaren etxea defendituko dut
Gabriel Aresti
(Harri eta herri, 1964)

Nire aitaren etxea
defendituko dut.
Otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra,
justiziaren kontra
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea.
Galduko ditut
aziendak,
soloak,
pinudiak,
galduko ditut
korrituak,
errentak,
interesak,
baina nire aitaren etxea defendituko dut.
./…


Defenderé la casa de mi padre
(Piedra y pueblo, 1964)

Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos
pero defenderé la casa de mi padre.
./…

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Follas novas (1880)
Rosalía de Castro

Daquelas que cantan ás pombas i ás frores
todos din que teñen alma de muller;
pois eu que non as canto, Virxe da Paloma,
...............¡Ai!, ¿de qué a teréi?
Ben sei que non hai nada
novo embaixo do ceo,
que antes outros pensaron
as cousas que hora eu penso.

E ben, ¿para qué escribo?
E ben, porque así semos,
relox que repetimos
eternamente o mesmo.
./…


Hojas nuevas (1880)

De aquellas que cantan a las palomas y a las flores
todos dicen que tienen alma de mujer;
pues yo que no las canto, Virgen de la Paloma,
...............¡Ay!, ¿de qué la tendré?
Bien sé que no hay nada
nuevo debajo del cielo,
que antes otros pensaron
las cosas que ahora yo pienso.

Y bien, ¿para qué escribo?
Y bien, porque así somos,
relojes que repetimos
eternamente lo mismo.
./…


Me alegra que mi país tenga esta riqueza literaria y tantas lenguas con las que emocionar, seducir, conmover, … Para esto nunca sobran lenguas ni palabras, no. Sí, me alegra.

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+ LITERATURA Y MEDICINA

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En mi larga trayectoria como lector, he observado que hay escritores que nacieron como tales abandonando su profesión primitiva de médicos. Y que algunos de ellos tuvieron un éxito notorio como profesionales de la literatura.

Me vienen a la memoria Pío Baroja, Antón Chejov, François Rabelais, Arthur Conan Doyle, W. Somerset Maugham, Frank G. Slaughter, Mijail Bulgákov, etc.

Dos me llaman la atención sobre los demás por las razones que comentaré, que son: Baroja y Chejov.

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Pío Baroja y Nessi. Como buen aficionado a la literatura (como lector y escritor aficionado), me atrajo de él desde el principio el rastro que nos dejó de su experiencia como escritor, acuñando expresiones como ‘Para un escritor lo difícil es inventar’, ‘El escritor que con menos palabras da una sensación es el mejor’, y otras por el estilo que te hacen meditar y que sugieren un posible camino a seguir.

Me gustaron sus novelas La busca, Zalacaín el aventurero, El árbol de la ciencia y Las inquietudes de Shanti Andía. Y muchos de sus cuentos. Pueden leerse algunos aquí. Quizás haya personas que no conozcan esta faceta de don Pío. Practicó el género del cuento, con el que muchos escritores consagrados no se atreven, pues no es un género fácil. Su paso por el ejercicio de la medicina —ejerció solamente un año, abandonando Zestoa (Guipuzkoa) con el decidido propósito de ser cualquier cosa menos médico, profesión que al parecer le disgustaba— no tuvo ningún efecto directo sobre su obra o sus personajes a mi juicio, como en otros autores, pues en sus novelas predominan los personajes marginados por la sociedad.

Influyó mucho en escritores posteriores a él, por ejemplo: Camilo J. Cela, Ernest Hemingway, etc. No alcanzó el Nobel de Literatura, hecho que me parece una manifiesta injusticia, cuando otros con méritos literarios menores sí lo consiguieron.

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Antón Chejov es de todos conocido como afamado cuentista, pero no se menciona tan a menudo en los foros literarios que también escribió otras dramáticas, creando para el teatro, entre otras, La Gaviota, Tío Vania, El jardín de los cerezos. Donde realmente fue prolífico fue en el género del cuento, destacando para mi gusto en su obra La señora del perrito, ¡Chist!, La corista, y algún otro. El profundo conocimiento humano del escritor surgió indudablemente de su profesión de médico. ‘La medicina es mi esposa legal, la literatura mi amante’, dijo en cierta ocasión. Los relatos breves de Chejov relevaron en la literatura rusa a las grandes novelas de Fiodor Dostoyevski y León Tolstoi. El gran escritor alemán Thomas Mann reconoció que ‘lo breve y condensado en Chejov puede superar en intensidad artística a lo grande, a la obra monumental’.

Autores de la literatura inglesa como Shaw o Maugham fueron influenciados por Chejov. Y también de la estadounidense, a saber, Raymond Carver (en el último cuento de su colección Tres rosas amarillas, del mismo título, nos hace asistir a la muerte imaginada del maestro ruso; el cuento es una maravilla y para mí uno de los mejores de Carver) , y algunos más.

Al igual que en Baroja también he advertido que Chejov insistía mucho en la brevedad en las narraciones: ‘Nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve’, ‘Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento’, ’La brevedad es hermana del talento’, etc. Lo hacía hasta en las anotaciones que realizaba para escribir después sus historias, como en aquella ocasión en que anotó en su cuaderno la siguiente anécdota: ‘Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida’.

Hay quien mantiene la teoría, haciendo mención de esta anécdota registrada por Chejov, de que un cuento siempre cuenta dos historias: una visible, en primer plano, la historia 1 (el relato del juego) y otra oculta, que se construye en secreto, la historia 2 (el relato del suicidio). Es una teoría que a mí me resulta interesante.

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François Rabelais fue médico, escritor y humanista. Monje franciscano y posteriormente benedictino, terminó por secularizarse. Es conocido por sus historias sobre los gigantes Gargantúa y su hijo Pantagruel, basadas en leyendas medievales populares. Su profesión médica no tuvo reflejo en su obra literaria.

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Arthur Conan Doyle, escocés. Médico y escritor. Es célebre por la creación del personaje de Sherlock Holmes, detective de ficción famoso en el mundo entero. Ejerció de médico civil, cirujano en un ballenero y médico del ejército por espacio de unos doce años. Comenzó a escribir para luchar contra las largas y tediosas horas de espera a sus escasos pacientes durante su estancia en Southsea.

Su Sherlock Holmes es un claro ejemplo de cómo un personaje de ficción puede calar tan hondamente en el sentir popular. En su relato La aventura del problema final quiso ‘matar’ a Sherlock, pero una multitud de jóvenes británicos comenzó entonces a llevar crespones de luto en los sombreros en señal de protesta y Doyle se vio obligado a resucitar a su héroe, que aparece de nuevo en La casa vacía (El retorno de Sherlock Holmes).

Doyle prefirió siempre sobre todo sus romances históricos y de otra índole, que gozaron de gran éxito también en su día.

Su actividad como médico no se vio reflejada posteriormente en su obra escrita.

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William Somerset Maugham. Británico. Novelista, dramaturgo y cuentista, abandonó también la medicina para dedicarse a las letras. Fue muy popular y estuvo muy bien pagado. Trabajó mucho para la industria de Hollywood, escribiendo guiones cinematográficos.

Su novela más importante es El filo de la navaja, llevada al cine e interpretada en el papel masculino por Tyrone Power. Nunca consiguió un elevado respeto por parte de los críticos, que él mismo achaca a su carencia de ‘lirismo’, su reducido vocabulario y un uso inexperto de la metáfora. Escribía con un estilo sencillo y directo.

Su actividad médica sí tuvo, según nos confirma el mismo Maugham, influencia en su obra escrita, porque vivir en la efervescente ciudad de Londres le permitió conocer a personas de las clases populares que nunca habría encontrado en otras profesiones, verlas en situaciones de ansiedad, etc. y añadía: ‘Vi hombres morir. Los vi sufrir dolor. Aprendí qué era la esperanza, el temor y la ayuda…’.

Uno de los pocos escritores que ha reconocido su influencia ha sido Anthony Burguess. George Orwell (‘1984’, de ciencia ficción) también reconoció que en su estilo había influencias de Maugham.

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Frank G. Slaughter, novelista norteamericano. Médico cirujano y novelista.

Conocí a Slaughter como escritor a través de la colección Clásicos Contemporáneos, de Editorial Planeta, en donde se pueden leer sus novelas Nadie debiera morir…, Cirujano del aire, La Venus del cuadro, Hospital de sangre, La dama de Florida,… La primera de las novelas citadas, que fue su ópera prima, debió ser reescrita hasta cinco veces antes de ser aceptada por su editorial.

Es quizás a mi entender el caso más claro en que el binomio literatura-medicina se torna inseparable, pues en muchas de sus novelas los protagonistas son de la profesión médica y se habla de medicina, además de otros asuntos. Escribió asimismo novelas de índole bíblica e histórica. El autor confiesa abiertamente que tiene dos vocaciones: médico y escritor y que son inseparables y complementarias. En su época fue un autor considerado un best seller.

No es a mi juicio un escritor muy popular ni conocido en nuestro país.

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Mijail Bulgakov, ucraniano. Médico y escritor.

Es conocido por las obras con que contribuyó al Teatro Artístico de Moscú. Escribió varias historias de ficción por su admiración por la obra de H. G. Wells.

Morfina es un ciclo de cuentos sobre las primeras aventuras de un joven médico, trasunto del propio Bulgakov. Son historias médicas contadas por un médico.

El maestro y Margarita, publicada treinta años después de su muerte por su esposa, es la novela satírica que ha otorgado la inmortalidad literaria a Bulgakov.

De los casos médicos-escritores que hemos recordado, el de Bulgakov y Slaughter, son los dos en que se encuentra más fuertemente unido el binomio objeto de este artículo: médico -> escritor -> que escribe novelas en que está muy presente la medicina.

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Conclusiones (no científicas):

* El escritor que ha sido antes médico, no siempre trata en sus novelas sobre temas médicos.

* Parece que la formación científica del médico le lleva a expresarse literariamente con una prosa más bien breve, concisa, sin adornos, directa, por la que siente predilección.

* Es de agradecer que trasmitan a sus lectores notas sobre cómo escribir, esto es, necesitan o desean compartir sus sentimientos sobre la materia. Los casos más notorios aquí son Baroja y Chejov.

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Otro día hablaremos de otro binomio que también me ha llamado la atención siempre en el mundo de las letras: Literatura y suicidio.


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